El día de los difuntos: ritos ancestrales sobre la muerte

 Por: Camila Vergara y Melissa Clavijo
Estudiantes de periodismo de la USFQ

Durante los últimos días de octubre y los primeros días de noviembre, hay muchos países en Latinoamérica y Europa, que celebran algún feriado relacionado con la muerte, y/o la vida después de la muerte. En Ecuador, celebramos el Día de los Difuntos, es un feriado en el que se honra la vida de los seres queridos que han partido de este mundo.

El Día de los Difuntos coincide con la celebración católica de Todos los Santos – al igual que otras festividades esta celebración es el resultado de combinar una antigua tradición o rito indígena con una fiesta católica. Katicnina Tituaña es una joven otavaleña de 21 años. Cada feriado del día de los muertos sabe que la espera en Cotacachi, la ciudad donde vive la mayor parte de su familia, un evento especial: visitar la tumba de su abuela. “Esta celebración consiste en vigilias y visitas a los cementerios donde se llevan ofrendas”, explica.

“Es una de mis festividades favoritas. Es una costumbre indígena, al menos de mi nacionalidad quichua, ir al cementerio con comida, flores, frutas y pan para comer a lado de la tumba de la persona fallecida para honrar su memoria y recordar su vida en la tierra. Entonces, desde que tengo memoria acudimos al cementerio con mi abuelita paterna, mis papás, mis primos y mis tíos. Mi abuelita siempre cocina huevo duro, papa ucho como se le conoce a un preparado particular de la papa. Llevamos aguacate, queso, plátano, naranjas, pan, alguna bebida y comemos cerda de las tumbas de nuestros familiares fallecidos”, recuerda.

Ofrendas para los muertos. Foto: Sara Fuentes

“Me encanta esta fecha porque es una oportunidad de reunirse con la familia en las tumbas de nuestros antecesores y compartir con amigos, conocidos y otros familiares la comida y entonces se crea una especie de fiesta”, comenta. La diversidad gastronómica del país no deja está presente en estos rituales. “Nosotros, por ejemplo, recibimos comida que preparara mi otra abuela materna. Ella prepara fréjol y papas con berro. Otras personas nos regalan choclo con queso, habas, mote, en fin, una gran variedad de alimentos que por lo general ya es costumbre para una familia llevar al cementerio y nosotros igualmente obsequiamos nuestros alimentos a otras personas”, aclara.

“Lo que me encanta del Día de muertos también es ver el cementerio lleno de flores y arreglos que decoran las tumbas, también he visto personas con instrumentos musicales que van de tumba en tumba tocando una canción para el fallecido. Yo creo que lo especial de cómo nuestra cultura indígena celebra esta fecha es que honra a los muertos con alegría, es decir, no es una fecha para recordar a los que ya no están con pesar y tristeza… nostalgia quizás sí, pero siempre lo tomamos como una oportunidad para recordarlos en sus mejores días y celebramos junto a ellos”, explica con cariño.

Mujeres indígenas compran guaguas de pan antes de entrar al cementerio. Foto: Sara Fuentes

Nicole Vallejo, guayaquileña de 19 años, narra que en su casa tienen la costumbre de preparar colada morada. “Mi tía se encarga de comprar los ingredientes y pasamos comiendo colada toda la semana. Hay como una especie de intercambio de coladas. Es gracioso, pero así cada parte de la familia nunca se queda sin su plato favorito”, dice. “Mi abuelita falleció este año y justamente fuimos al cementerio a dejar flores rojas, sus favoritas. Nos juntamos a almorzar en casa y conversar sobre anécdotas graciosas. Me encanta que es una fecha para relajarse con la familia y compartir”, explica.

“La verdad me encantaría aprender a hacer colada morada. Los jóvenes tenemos que preservar las recetas y mientras más creces te das cuenta de que no puedes quedarte sin esas delicias”, añade. En un paseo al oriente por el cumpleaños de su abuela y la celebración del día de los muertos, Miranda, una pequeña quiteña de seis años, reunió a toda la familia alrededor de una mesa redonda. El tamaño perfecto para que los 19 integrantes de su familia, entre primos y tíos, estén cómodos y juntos. Ella dijo que le esperaran ahí mientras iba a arreglar unas cosas en el cuarto del hotel donde la familia completa pasó el primero de noviembre.

Cementerio Mestizo. Foto: Sara Fuentes

Miranda vestía de zuleteña, en sus manos traía una foto tapada con un pañuelo, una vela apagada y una guagua de pan que había hecho en la escuela dos días antes. La guagua de pan estaba muy bien decorada. Solo con la emoción que decora una niña pequeña su primera guagua de pan. Todos rieron y vieron cómo apago la luz del comedor donde estaban sentados. Después pidió a su tío, el hermano mayor de su mamá y el único en la familia que fuma, que por favor le prenda la vela.

Después, la sentó en un plato en el centro de la mesa, y al lado puso la foto. En esa foto estaba el retrato de su abuelo Carlos. El papá de su mamá que nunca llegó a conocer pero que siempre es recordado por sus tíos y primos mayores. Y así empezó su ritual del día de los muertos. Ella hizo que cada hijo y cada nieto le diga unas palabras a la foto de su abuelo y después de un mordisco a la guagua de pan multicolor. Algunos recordaban sus memorias favoritas, y otros le decían cuanta falta les hacía.

La pared del fondo divide el cementerio mestizo del cementerio indígena. Foto: Sara Fuentes

Al final llegó su turno. “Abuelito Carlos, ¿por qué te fuiste tan rápido? Siempre he querido conocerte y darte un abrazo. Les reuní a todos aquí para agradecerte todo lo que nos dejaste. También, para que se acuerden que no se tienen que pelear entre primos y hermanos porque tú les diste amor y chupetes”, finalizó. Esta iniciativa fue por su cuenta. Su mamá con lágrimas en los ojos le abrazó, todos quedaron en silencio y con la mirada fija en la foto de ese ser tan especial que creó una familia que hasta ahora permanece unida.

El día de los muertos es para mantener vivos a aquellos que se han ido, y los más inocentes de las familias son los primeros en acordarse de ellos. ¿Cómo conciben los niños y jóvenes las tradiciones en sus casas? Brindarles tiempo para conversar será la clave para conocer sus opiniones y preservar estas actividades tan representativas del Ecuador.

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