“Anaïs anda por allí “intentando” no provocar pasiones, ni exasperar a los hombres, peor aún atormentarlos. Viviendo una vida de artista intemporal, posando para lienzos y carbones, bailando en grandes espectáculos, existiendo sin duda como una de las mentes más lúcidas”

“No juegue con Artaud. Es demasiado desgraciado, demasiado pobre”

–A mí solo me interesa su genio–.

–Entonces, sea una amiga y no coqueteé con él–.

–En mis relaciones literarias soy muy masculina—le dije.

–Pero su silueta no lo es en absoluto—dijo Allendy.

 

Es 1931, la casa de Louveciennes aún tiene doscientos años. Anaïs Nin veinte y ocho. El primer volumen de su diario comprende un intervalo de tiempo en extremo poético (1931-1934), La Belle époque Parisina, llena de cafés, lugares de encuentro y de tertulia, cuna de artistas y bohemios.

De inmediato me encuentro absolutamente maravillada con su belleza. Ahora entiendo la fragilidad del cuerpo por aquello que nació bello .Anaïs nació bella, es una combinación parfait entre Joaquín Nin, pianista cubano de origen catalán y Rosa Culmell, cantante cubana de descendencia danesa. A esto se suma su irrefutable aire parisino, por haber nacido y amado París. Después de leer el primer volumen de su diario, es casi necesario leer los otros seis. Es una verdadera fortuna que no se consigan con tanta facilidad. Anaïs empezó a escribir su gran obra, cuando tenía doce años de edad y vivía en un apartamento chico en la ciudad de Nueva York. Algunos años antes, incursionó en el asiduo mundo de los libros, con pequeños ejemplares de erotismo popular. Ver a Anaïs junto a los viejos cuadernillos con acento francés y dibujos a color, me resulta encantador. Es probablemente allí, escondida entre libros ilustrados, en donde Anaïs comprende desde su pequeñez, el placer, el amor, los bulevares, las prostitutas, une femme fatale, las habitaciones de hotel y las lámparas a media luz.

Anaïs anda por allí “intentando” no provocar pasiones, ni exasperar a los hombres, peor aún atormentarlos. Viviendo una vida de artista intemporal, posando para lienzos y carbones, bailando en grandes espectáculos, existiendo sin duda como una de las mentes más lúcidas. “Ocupará un lugar al lado de las revelaciones de San Agustín, Petronio, Abelardo, Rouseau y Proust”dijo Henry Miller.

En sus diarios, ella recoge sus días tranquilos y turbulentos, presenta a Henry Miller y su esposa June, personajes con quién trianguló una relación de erotismo y amor. La figura de Henry transgredió una relación carnal, se convirtió en una relación literaria, de profundo respeto y amor. Alude a Rank, (conocido psicoanalista de la época) Allendy, (su terapeuta), Artaud (poeta marsellés) y Joaquin, su padre con quién también gozó de una relación de extrema pasión sexual.

En sus diarios, varios personajes interactúan bajo la idea de Anaïs como un ícono del cine surgido en los años XX: Une femme fatale, una mujer que utiliza su capacidad de seducción para satisfacer sus necesidades, entre ellas sexuales, y que además conlleva a la fatalidad.

En los 40´s una femme fatale responde al movimiento feminista y de liberación sexual. Anaïs Nin retrata en sus diarios la necesidad de cuidar –obstruida por la figura de femme fatale– pero poder ejercer también su sexualidad libremente. Anaïs no enamora para satisfacer sus necesidades, las tiene todas satisfechas.

Entre muchas otras cosas, Anais me recuerda el olor del barrio Montparnasse, la calidez de unas manos bien dotadas de amor, el crujir de las portadas de libros viejos, y mi incapacidad rítmica para escuchar a Chopin. Pero, sobre todo, recuerdo esta corta frase de su diario: “Había empezado a conocer la vida a través de la literatura, no es de extrañar que luego, cuando entré en la vida, hubiera ocasiones en las que me diera la sensación de estar viviendo escenas que parecían de novelas y no de mi propia vida. Ocasiones en las que reconocí habitaciones que ya había visto en las cubiertas de los libros de Mr. Hansen” ¿Hay acaso una diferencia? ¡Su vida fue su gran obra!

“La literatura como el arte en general es la demostración de que la vida no basta” (Fernando Pessoa). Por eso escribo, por eso lees.

Emilia Zamora

 

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