Seguros de vida: ¿preventivos o necesarios?

por: Ing. Mariasol Trujillo

Desde siempre vivir en Latinoamérica ha sido sinónimo de peligro. Esto no es algo inventado por las noticias, o los turistas. Es algo real y tangible a través de estadísticas.

Ecuador no es la excepción. Desde que nuestro país pasó de ser un estado de tránsito a bodega de drogas y nido de narcotraficantes, la violencia aumentó gradualmente. Y es que antes frases como: ¨se matan entre ellos¨ eran sumamente comunes, y los ajustes de cuentas a través de los famosos sicarios era algo que solo ocurría entre bandas enemigas y el ciudadano común no tenia nada que ver ahí. Pero, ¿y las balas perdidas?

Unas cuantas balas perdidas nunca causaron gran noticia o revuelo, total ocurrían en sectores considerados zona roja. Sectores a los que ni la misma policía podía entrar, y el gobierno por ende tampoco podía intervenir. Total, a nadie le interesa que se maten entre delincuentes, dice la sociedad con total tranquilidad.

El fenómeno:

Se sabe que, a mayor pobreza, mayor delincuencia. No obstante, la pandemia mas el hecho de ser un país bodega de narcotráfico, han sido el caldo de cultivo perfecto para que los índices delincuenciales se incrementen, mas que nada en el sector costa de nuestro país.

El ciudadano ecuatoriano promedio dejó de preocuparse de morir por COVID; y pasó a preocuparse de morir por un intento de robo, por una bala perdida o porque se metieron a su casa a robar.

Antes, los seguros de vida eran el peor intangible para vender. Las personas se sentían ofendidas cuando se los ofrecías, y las pocas que los contrataban eran casi siempre personas pudientes con muchísima planificación financiera. Padres de familia preocupados por la educación de sus hijos por si llegaran a faltar ellos, o personas que se veían obligadas a contratarlos por algún préstamo o requisito bancario.

Hoy en día, los seguros de vida que antes eran considerados como preventivos, pasaron a ser necesarios. Los cotizan y adquieren jóvenes desde 21 años, hasta personas de 65 años que suele ser la edad máxima permitida de contratación.

¿Qué los motiva?

El miedo.

Y es que la prevención pasó a segundo plano, y el consumidor ecuatoriano pasó a tomar decisiones de compra basados en histeria colectiva. Ya no se trata de ser delincuente, y de un ajuste de cuentas entre ellos. Ahora se trata de estar en el lugar, día y hora equivocados.

Vivir en inseguridad nos orilla a tomar acciones radicales, y proteger nuestra vida ha sido desde siempre el principal instinto de supervivencia del ser humano. La contratación de un seguro de vida es solo una de las tantas medidas que los ecuatorianos están tomando. Porque en sus palabras que también son mías; hoy estoy aquí, mañana salí a trabajar, a comer, a pasear al perro, a comprar pan, y ya no regreso a casa.

Y es que no hay dolor más grande que perder a un ser querido, y no hay nada humanamente posible que lo alivie. Esperamos al menos que nuestras familias encuentren consuelo estando estables financieramente tras nuestra partida, porque es lo único que desde nuestra trinchera con total impotencia podemos hacer.

Contra la delincuencia, la policía. Pero contra el sistema judicial corrupto que luego los libera, ¿quién?

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