Una política que no es política

Autoras: Nicole Castro y Daniela Armijos

Este no es un artículo que pretende comentar de política a través de valoraciones personales, pero que exista el término política en un texto, en un debate o en una conversación, inconscientemente genera en el cerebro humano la idea de lo controversial y en ciertos casos genera cierto fanatismo o extremismo. Es justamente éste el punto por el que queremos partir, es necesario desmitificar la política como aquella ciencia conflictiva y conservadora que es controlada por unos pocos. De hecho, todos hacemos y somos parte de la política incluso antes de tener consciencia, es decir, desde que nacemos y somos registrados como ciudadanos, a partir de ese momento estamos incluidos en un sistema donde participar en política es elegir al líder del grupo, al presidente de curso o al gobierno estudiantil, asistir a una protesta, votar por un candidato o en un censo, entre otras actividades cotidianas que no las asumimos como política.

El desentendimiento, el desinterés y la ignorancia con respecto a la política es lo que ha hecho que nuestro país pase por malas decisiones y por politiqueros sin un objetivo claro para el progreso socio económico de la patria.  Platón tuvo mucha razón cuando dijo que “el precio de desentenderse de la política es ser gobernado por los peores hombres”. No negamos que existe la política a la que muchos intimida, molesta e indigna, sobre todo a las generaciones jóvenes que empiezan a tener mayor participación en el campo, pero son los jóvenes quienes deben comenzar a tener conciencia de lo que está pasando en el país para tener un criterio político formado en base a sustentos reales.  Por ello este artículo propone hablar de una política inclusiva, participativa, sin manchas del pasado, sin conjeturas, sin estereotipos, sin camisetas, propone hablar de una política que no es política.

Como base es fundamental entender los dos términos que motivan este artículo, política y comunicación. Por un lado, la política puede ser entendida como una ciencia y como una forma de poder tanto en espacios gubernamentales como en instituciones y agrupaciones, su objetivo es una debida organización para la toma de decisiones que deriven en un bien común para la parte representada. Mientras que la comunicación puede ser definida como la transmisión de información a través de multicanales, es decir, por canales como el verbal, corporal, de gestos, imagen, entre otros.

La comunicación, así como la política, se originaron desde el principio de los tiempos, por ejemplo, en el período prehistórico las comunidades se comunicaban a través de pinturas en las cavernas, de sonidos, gestos, mímicas y sin duda a través de dinámicas de poder. Si bien no existían las candidaturas como las conocemos hoy, si existía la necesidad de organización y para ello era indispensable un líder que contribuya con la consecución de objetivos y del bien común de la agrupación.

Pero a día de hoy la comunicación y la política han evolucionado y aunque el objetivo sigue siendo el mismo (informar, interactuar y organizarse), las herramientas, los métodos y los procesos son diferentes. Vivimos en una realidad donde casi todos los espacios donde nos desarrollamos están atravesados por la digitalización y sí, gran parte de la digitalización son las redes sociales, pero se puede evidenciar como algunas radios, revistas y periódicos han migrado una parte o incluso completamente al mundo digital. De este modo, las distintas audiencias pueden revisar las noticias cuando lo requieran sin el restrictivo ‘horario’ que antes limitaba y regulaba a los ciudadanos y su forma de pensar frente a la información.

En el caso de la juventud, la comunicación política digital es igual y quizá más influyente que la participación de un candidato en un debate presidencial, esto hablando en términos de comunicación para elecciones. Tras algunas entrevistas con personalidades políticas, entre ellos consultores y asesores, conocemos la importancia de contar con objetivos bien definidos y a su vez de planificar estrategias y tácticas que permitan y acerquen al candidato al objetivo. Dentro de este tipo de comunicación pueden ser considerados algunos aspectos, sin embargo, nos referiremos específicamente a la imagen y a los mensajes persuasivos en medios digitales.

La imagen en cualquier ámbito es importante, pues se considera el reflejo de lo que eres y lo que quieres transmitir sobre ti. Aunque parezca un tema superficial, es un tipo de comunicación no verbal imposible de ignorar, los colores y las formas generan en el cerebro percepciones por condicionamientos instaurados desde pequeños. Por ejemplo, aquellos que siguieron el debate de Kennedy y Nixon a través de la televisión tuvieron la impresión de que el candidato más fuerte fue Kennedy, mientras que las personas que escucharon por radio daban la ventaja a Nixon. Algunas investigaciones concluyen que esto se debió al poder e influencia de la imagen ya que en ese tiempo las televisiones eran transmitidas a blanco y negro y en ese encuentro Kennedy ocupaba un traje negro frente a Nixon que utilizaba un traje gris que se perdía y confundía con el espacio que lo rodeaba. En este sentido, aunque puede parecer algo subjetivo, el tema de imagen es relevante desde la naturaleza misma pues vemos que las dinámicas de poder también se instauran en los animales a partir de quien se ve más fuerte, es decir, más grande o con mejores capacidades de cazar y oportunidades de supervivencia. Las redes sociales y los medios digitales ayudan justamente a exponer la imagen de las personalidades, de ellas y sus asesores depende que impresión dar y las estrategias a utilizar.

En la política es de gran importancia acompañar la imagen con un mensaje que sustente de manera coherente lo proyectado, para ello es necesario contar con estrategias discursivas, pero hay que considerar que existe un límite muy delgado entre persuadir y manipular, más allá del discurso se necesita un sentido de servicio y empatía pues la gente está cansada de promesas bien redactadas sin cumplir. A los jóvenes les interesa una política transparente e inclusiva y no el medio conservador donde actualmente se encuentra.

Para ello, nosotros los jóvenes y todos quienes se sientan no afines a la política, debemos involucrarnos, debemos interesarnos por lo nuestro y generar espacios diferentes. Debemos separar a la política generalizada de las decisiones tomadas por distintos politiqueros que no conocen el significado de hacer una gestión por la buena política. Se debe cambiar la mentalidad acerca de la política mala o cruel, pues en realidad, lo que es malo o negativo tiene que ver con las personas erróneamente escogidas por falta de criterio de los ciudadanos y de los estatutos legislativos para permitir su gobierno y gestión activa. No debemos negarnos a la política, sino nos negaremos a nuestro futuro, pero sobre todo a nuestro presente.

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