¿Argentina debería dolarizarse?

No es ajeno para nosotros ecuatorianos escuchar acerca de una política fiscal quebrada. Fueron muchos los años en el Ecuador en los que los gobiernos de turno, con el fin de financiar déficits fiscales de la manera más rápida posible, seguían inflando la economía mediante sus políticas monetarias enfocadas en sanar a corto plazo. Fue tal la emisión que entre el año 1995 al 2000, según datos del Banco Mundial, el Ecuador pasó de una inflación del 22 al 96% en únicamente 5 años. Para cuando el presidente de la República en aquel entonces, Jamil Mahuad, decidiera dolarizar, el dólar equivalía a 25000 sucres.

Todos los argumentos expuestos por Alfredo Arízaga, ex ministro de finanzas del Ecuador, en una entrevista en el programa argentino “Tormenta de Ideas”, son muy parecidas a las razones mencionadas por décadas, por las que el Ecuador terminó dolarizándose. Para el ex ministro, no poder tener decisión de emisión ha sido un beneficio. Se parte de la desconfianza en el político, pues al dolarizar se le quita ese mismo poder de manejar las políticas monetarias a su gusto. Al causar tanta inflación, a largo plazo solo ocasiona que se agrave el problema: “no hay nada más empobrecedor que ese incremento permanente de los precios, y esa reducción de la capacidad de compra de las familias”.

Argentina ha tenido ya más de 45 años de inflación. Al principios de estos años, la inflación oscilaba entre el 10 y 30% anual. Luego se experimentaron 13 años de estanflación, es decir una inflación arriba del 100% anual. Los ahorros del argentino acumulado en australes, perdían su valor constantemente. Se empezó a ahorrar en dólares constantemente, y así los argentinos mandaban sus ahorros a Uruguay o Miami, fuera de Argentina.

El que no conoce la historia, está condenado a repetirla. Al tener como ejemplo a Ecuador, Argentina puede tomar la decisión de dolarizar a su país, y así evitar más alza de precios y miseria para sus habitantes. Mantener el peso argentino implicaría dar paso para una miseria mayor para el pueblo argentino, que se encuentra cada vez más imposibilitado de acceder a un digno poder adquisitivo bajo su sistema de productividad.

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