La psicología detrás de las teorías de la conspiración

Por: Valentina Lucio Paredes (Psic. Clínica)

“La vacuna cambia el ADN”.

“No es una vacuna, es una sustancia transgénica que cambia para siempre los genes”

“La vacuna esteriliza a los hombres”

“La pandemia no es real, es un plan para que puedan implantar microchips en todos los ciudadanos y Bill Gates está atrás de esto”

“La vacuna tiene “luciferina” en una solución de 66.6” (insinuando que tiene un componente satánico).

Estas son algunas de las afirmaciones que se encuentran constantemente en redes sociales y que quizás incluso hemos escuchado de algún amigo, pariente o colega. Se las conoce como ‘teorías de la conspiración’ y se caracterizan por tener en su centro, la idea de que una persona o grupo poderoso de gente está secretamente planeando y encubriendo algo con objetivos siniestros. La reacción de muchos es molestarse con quien difunde o defiende estas ideas, pero ¿qué está detrás de este tipo de pensamiento?

Hay quienes son especialmente propensos a desarrollar y aceptar estas creencias, expresamente en épocas críticas como la actual. Existen dos posibles teorías que intentan explicar esta conducta:

  1. La necesidad de sentirnos únicos

Todos, de cierta manera, queremos sentirnos diferentes, pero en algunos esta necesidad es más marcada (Gebauer et al, 2014). Las personas tendemos a seguir la opinión de la mayoría y lo que es percibido como la ‘norma’. Sin embargo, existen personas para las cuales seguir a la multitud puede ser poco satisfactorio justamente porque afecta a esa necesidad de ser ‘original y único’. Esa motivación tan fuerte puede llevarle a la persona a creer en estas teorías (Lantian et al, 2017).

El conocer el “plan secreto” brinda la sensación de ser especial; de ser del pequeño grupo privilegiado que es capaz de escapar la mentira y ver la realidad. Si soy el único de mi grupo social y familiar que entiende las dinámicas reales detrás de los eventos importantes mundiales, soy especial y soy único (Imhoff y Lamberty, 2017).  No solo me siento bien como individuo, sino que también me siento bien en relación al grupo al que pertenezco.

Es evidente que a las personas nos gusta sentirnos bien con nosotros mismos y esta puede ser una manera para lograrlo. Justamente eso es parte del discurso, ‘todos siguen como ovejas la versión oficial’ pero yo conozco la verdad y eso puede generar un sentimiento de superioridad sobre el otro (Douglas en Mills, 2021).

  1. La necesidad de control

Psicológicamente tenemos una necesidad de conocimiento y de certidumbre, precisamente por esto, estas teorías aumentan y se fortalecen en periodos de crisis, cuando el miedo nos invade y las explicaciones claras y certeras escasean (Douglas en Mills, 2021).

Cuando algo grande y grave ocurre, queremos una explicación, y si no está disponible inmediatamente o con absoluta certeza, es común que se comiencen a buscar respuestas fuera del “sistema”. Estas teorías atraen porque proporcionan narrativas fuertes, claras y proveen un culpable. De hecho, pueden ser más atractivas que la misma verdad porque dan la percepción de control y conocimiento. Son una promesa tentadora, aunque ingenua, solo hay que detener al villano y todo estará bien (Imhoff, 2015).

A nadie le gusta sentirse impotente y sin control, creer en una de estas teorías permite sentir que se tiene información que por lo menos explica por qué no se tiene control sobre la situación. Es esta sensación de impotencia e incertidumbre que alimenta las teorías conspirativas (Douglas en Mills, 2021). 

¿A quién no le gusta sentirse especial? ¿Quién no quiere tener certeza e información? Entender estas motivaciones puede ayudarnos a ser más tolerantes e incluso más asertivos al discutir con quienes defienden estas teorías.

Como tantas cosas en la vida, esto es una cuestión de equilibrio. Muchas teorías de la conspiración no son inofensivas, pueden tener consecuencias graves en la vida del otro y de la comunidad, por lo que, es normal que queramos enfrentar a quienes creen en ellas. Sin embargo, hay ciertas cosas que podemos aprender de los “conspiracionistas”. No deberíamos posicionarnos al otro extremo. Cierto nivel de escepticismo es saludable, no creer en la autoridad y en el sistema a ciegas es necesario y de hecho, sospechar y dudar de las acciones de otros puede ser adaptativo. Ser capaces de ser críticos y analíticos, de usar la lógica, de buscar argumentos, de diferenciar la calidad de las fuentes de información, sin dejarnos llevar apasionadamente por unos u otros, es clave.

Referencias:

Gebauer, Jochen E.; Bleidorn, Wiebke; Gosling, Samuel D.; Rentfrow, Peter J.; Lamb, Michael E.; Potter, Jeff  (2014). Cross-cultural variations in Big Five relationships with religiosity: A sociocultural motives perspective. Journal of Personality and Social Psychology, 107(6), 1064–1091. doi:10.1037/a0037683    

Imhoff, Roland; Lamberty, Pia Karoline (2017). Too special to be duped: Need for uniqueness motivates conspiracy beliefs. European Journal of Social Psychology, . doi:10.1002/ejsp.2265 

Imhoff, R. (2015). Beyond (right-wing) authoritarianism. In M. Bilewicz, A. Cichocka, & W. Soral (Eds.), The psychology of conspiracy (pp. 122–142). New York, NY: Taylor & Francis.

Lantian, A., Muller, D., Nurra, C., & Douglas, K. M. (2017). “I know things they don’t know!”: The role of need for uniqueness in belief in conspiracy theories. Social Psychology, 48(3), 160–173. https://doi.org/10.1027/1864-9335/a000306

Mills, K. (Host). (2021). Speaking of Psychology: Why people believe in conspiracy theories, with Karen Douglas, PHD (Audio podcast). American Psychological Association.

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