Dentro de una canción

Por: Juan Martín Naranjo

Hoy leí una frase que tenía anotada de Alan Watts, filósofo británico del siglo XX, y me hizo pensar en una canción de Andrés Calamaro que me encanta. La canción se llama Dentro de una canción, y pertenece a su álbum ‘Bohemio’ que, de acuerdo con lo que veo ahorita en Wikipedia, «llegó a ocupar el puesto número uno en el listado de los 50 mejores discos del 2013 según Rolling Stone Argentina». Más allá de eso, ‘Bohemio’ es uno de mis discos favoritos de todos los tiempos. La frase de Alan Watts es la siguiente:

Nadie imagina que una sinfonía deba mejorar a medida que avanza, o que el objetivo de su interpretación sea llegar al final. El sentido de la música se descubre en cada momento que se toca y se escucha. Creo que lo mismo ocurre con la mayor parte de nuestras vidas, y si estamos excesivamente absortos en mejorarlas, podemos olvidarnos por completo de vivirlas.

– Alan Watts

Las palabras de Watts me hacen pensar en lo complejo y fructífero que es vivir plenamente con lo que tenemos y con lo que somos en el momento presente. Pienso que la música, y el arte en general, son nuestros aliados en este caso. «Dentro de una canción» – dice Calamaro – «está la vida». «Dentro de una canción llegará mañana». Pienso en esto y lo relaciono con la frase de Alan Watts porque, por experiencia propia, al escuchar una canción que nos gusta (de preferencia con audífonos o parlantes de calidad), nos sentimos verdaderamente presentes y conformes con lo que tenemos y con lo que somos en aquel preciso momento. Nos dejamos llevar por la música, unificando nuestro cuerpo y alma con su melodía, ritmo y letra. No hay pasado ni futuro. Somos uno con la canción. Somos, quizás, nosotros mismos.

Sin embargo, se termina la canción y, como dice Jorge Drexler, la vida es más compleja de lo que parece. Las canciones son efímeras, como todo lo que vale la pena, como todo lo bonito. Uno de mis versos favoritos en esa canción de Calamaro que tanto me gusta es el siguiente: «Miente como puedas dentro de una canción. Porque dentro de una canción nos vamos». Pero, esa forma de mentir es, al mismo tiempo, una manifestación eterna y bella de sinceridad a la que llamamos canción, novela, haikú, cuento, lienzo, película… ficciones. Tal vez de eso se trata ese momento casi mágico de lograr estar plenamente presentes: de una dulce mentira, en el sentido de que no estamos ‘enfrentando el mundo real’ por un momento. Por eso se dice que el arte es una vía de escape.

Pero ¿acaso no es algo similar lo que tanto han buscado durante miles de años las prácticas orientales, por ejemplo, a través de la meditación, lograr estar plenamente presentes? Y de aquellas prácticas se han encontrado un sinfín de beneficios para la salud física y mental… En definitiva, tal vez estamos haciendo algo muchísimo más importante de lo que creemos al escuchar música, ver una buena película, ir a una galería de arte o leer poemas durante un par de horas. Además de viajar a otros sitios a través de lo que leemos, escuchamos u observamos en el arte, estamos siendo introspectivos y encontrando espacios para estar, al menos por un rato, en el ahora, para entregar todo nuestro ser a una sola cosa, algo que se nos permite cada vez menos en este mundo moderno, tan bullicioso y agitado.

Me gusta pensar que la vida puede llegar a ser como una canción y, como dice Alan Watts, no necesariamente deba mejorar a medida que avanza, o el objetivo de vivirla sea llegar al final. El sentido de la vida, como el de escuchar una buena canción, se descubre en cada momento que se la toca y se la escucha. Es decir, me gusta pensar que podemos vivir un poco más en el presente y disfrutar de lo que tenemos, de lo que somos, antes de que se nos escape y sea demasiado tarde, sin preocuparnos tanto por lo que viene, lo que fue, lo que fuimos, lo que debemos ser… Vuelvo a aquella frase de Drexler: sin duda la vida es más compleja de lo que parece. Pero estoy convencido, como ya mencioné, de que el arte es nuestro aliado. Quizás hoy más que nunca.

Una canción va a llevarme a volar en alfombra

– Andrés Calamaro

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