Jugar para volver a sonreír

Por: Dra. Valeria Troya

En marzo del 2020, según datos de la UNESCO, 1.6 billones de estudiantes de todas las edades tuvieron que dejar bruscamente los salones de clase para encerrarse en sus casas. Año y medio más tarde, niños y adolescentes aún no han podido regresar y compartir con sus compañeros y profesores. Nadie se imaginaba cuánto tiempo la pandemia duraría, pero ahora todos tenemos una idea de cómo se siente vivir bajo un tiempo prolongado de estrés, donde pérdidas grandes y pequeñas se han convertido en la norma.

A pesar de que estudios en la salud mental de niños aún es limitada comparado con la de adultos, sabemos que tanto niños como adolescentes han sido impactados por el encierro, la soledad y la falta de socialización y movimiento que la pandemia y cuarentena ha traído a sus vidas. Algunos de los estresores que niños y adolescentes se enfrentan; son la preocupación de que ellos o uno de sus seres queridos se contagien del virus, la escasez económica, el aislamiento y el distanciamiento social de sus amigos y familiares. 

Es importante reconocer que el confinamiento y las clases virtuales no han sido para todos una experiencia negativa. Existe un grupo de familias a las que la pandemia ha ofrecido oportunidades de acercamiento e intimidad. De hecho, según datos del Grupo Banco Mundial, algunos estudiantes reportan sentirse felices de estar en casa con sus padres. Sin embargo, también existe un grupo importante de niños y adolescentes a quienes el confinamiento empieza a pasar factura en su salud mental. Encuestas alrededor del mundo demuestran que un porcentaje variado de estudiantes reporta sentirse más tristes, ansiosos, con pensamientos suicidas y más estresados (Grupo Banco Mundial).

Sin duda la pandemia del Coronavirus ha transformado nuestras vidas de maneras inciertas. Sin embargo, hay que tomar en cuenta que el desarrollo físico, mental, emocional y académico de nuestros niños no ha parado. Pero, ¿qué tal si existiese una manera fácil, natural y al alcance de todos que puede sanar, tranquilizar y apoyar al desarrollo de niños y adolescentes?

El juego tiene décadas de investigación científica siempre con los mismos hallazgos extraordinarios. Jugar ayuda a los niños a desarrollar empatía, regulación emocional, funciones ejecutivas, al aprendizaje, bajar el estrés, a desarrollar habilidades sociales,  y tiene un impacto directo en la salud mental de grandes y pequeños.

El juego mitiga el aburrimiento y nos hace sentir felices. En otras palabras, jugar es una de las mejores herramientas de supervivencia emocional que tiene el ser humano de todas las edades. Sin embargo, en la edad temprana el juego no es un lujo sino una necesidad. El jugar para un niño, es como respirar. Algunos autores han descrito que para los niños, el jugar es la base de una buena salud mental, y lo opuesto a jugar es simplemente depresión.

Ahora que estamos a pocas semanas de vivir otro verano en pandemia, es crucial que los adultos permitan que los niños de todas las edades jueguen. Todo ambiente puede convertirse en un espacio de juego, pero aún mejor si los adultos planean oportunidades para que los niños puedan conectarse con la naturaleza, moverse a sus anchas, ensuciarse y explorar con libertad, que ellos lideren los juegos y sean sus ideas las que toman vida, y tengan oportunidades de socialización con otros niños de edades parecidas. Todo esto, por supuesto, sin olvidarnos de tomar las medidas necesarias para evitar más contagios.

Que este verano sea un tiempo donde nuestros niños y adolescentes puedan jugar y al mismo tiempo sanar las heridas de los últimos 14 meses. Asimismo, que los adultos también se permitan tener un descanso del trajín y opresión emocional que nos ha traído la pandemia pues,  al fin y al cabo, jugar no cuesta nada.

 

Referencias:

Ford, T., John, A., & Gunnell, D. (2021). Mental health of children and young people during pandemic. BMJ 2021;372:n614. https://www.bmj.com/content/372/bmj.n614

Panksepp, J. (2005) Beyond a Joke: From animal laughter to human joy? Science, 308 (5718), pp. 62-63.

Sutton-Smith, B. (2003) Play as a Parody of Emotional Vulnerability, in Roopnarine, J.L. (ed) Play and Educational Theory and Practice, Play and Culture Studies, Vol. 5. Westport, Connecticut: Praeger.

Sutton-Smith, B. (2017) Play for Life: Play theory and play as emotional survival, Rochester, NY.: The Strong Museum of Play. BMJ 2021;372:n614

UNESCO (2020) “COVID-19 Educational Disruption and Response”, https://en.unesco.org/covid19/educationresponse [Data from April 4, 2020].

World Bank Group (2020, May). Policy Research Working Paper: Remote-learning, Time-Use, and Mental Health of Ecuadorian High-School Students during the COVID-19 Quarantine.

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