El Internet y la Confianza

Por: Belén Balarezo, Psicóloga Clínica

En un mundo donde los niños y los adolescentes tienen acceso infinito a la información con tan solo un click, la confianza entre padres e hijos parecería ser el ingrediente que nos permitirá estar cerca de ellos y guiarlos en este descubrir. Queremos que, cuando nuestros hijos tengan entrada a sitios electrónicos inapropiados o se vean expuestos accidentalmente a este tipo de información, sean libres de comentárnoslo, para conversar con ellos sobre el material encontrado.

La confianza se construye desde los primeros meses de vida, cuando el lactante recibe la atención requerida de su cuidador, al sentir el calor de sus abrazos y la contención a sus llantos. Su primer intento de explorar el mundo será gatear para luego caminar. El adulto fomentará este descubrir, pero al mismo tiempo le mostrará los posibles riesgos de caídas, quemaduras, entre otros. Mientras el niño crece, toma consciencia de sus limitaciones físicas para evitar accidentes. Algunas veces la única manera en que el niño aprende es luego de haber sentido el dolor de una caída o de un pinchazo con el espino. Al mismo tiempo que consuela su dolor, la respuesta asertiva del cuidador proveerá la enseñanza y el espacio para que el niño continúe su exploración de una manera segura.

Los padres deben buscar que algo parecido suceda cuando el niño o el adolescente tiene acceso a información por medios electrónicos que no es adecuada para él. Es necesario que los adultos adviertan al menor de los posibles riesgos en el manejo de estos medios. Los padres deberán usar sin temor las palabras correctas para describirlo, tales como: ‘cuerpos desnudos’, ‘órganos genitales’, ‘personas teniendo relaciones sexuales’ para que el niño o adolescente aprenda a identificar y discernir el peligro que estos sitios conllevan. Así, cuando el niño o adolescente se enfrente a posibles riesgos como alguien pidiéndole que envíe fotos suyas desnudo, ellos tengan las herramientas para decir ¡no! con asertividad y busquen el apoyo y la confirmación de su padre, madre o cuidador.

El hecho de que los adultos hablen con naturalidad sobre estos temas, servirá de modelo para que los menores lo hagan de la misma manera. Los padres deben advertir al hijo que, si esto llegara a pasar, es importante conversar sobre las imágenes vistas y los sentimientos que estas provocaron. El diálogo sobre lo que el niño o el adolescente vio es una manera de aliviar la experiencia que puede ser abrumadora y el impacto emocional que esta conlleva. Pueden no ser imágenes relacionadas con el sexo, pueden simplemente ser imágenes de terror o violencia que quitan el sueño al niño o a la niña. En este marco, donde se fomenta la comunicación, los padres podrán explicar cómo se crean imágenes que muchas veces son falsas o que simplemente buscan para obtener la atención del público.

Es recomendable, no culpar al niño por buscar imágenes o información inapropiada para su edad. Incluso en el caso de que exista la duda y el adulto crea que fue el menor quien buscó la información; se debe aceptar la curiosidad como un fenómeno natural. Culpabilizar al niño o adolescente bloqueará la comunicación que se busca fomentar. Como alternativa, los padres podrían evocar situaciones en las que, ellos mismos, sintieron curiosidad sobre un tema similar en su niñez o adolescencia y comentárselo a su hijo. Esto abrirá canales de comunicación entre padres e hijos y así la próxima vez que él o ella sienta curiosidad sobre cierto tema, existe una gran probabilidad de que recurra a su padre o madre para preguntar acerca de sus inquietudes y no a los medios electrónicos.

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