La Hora De La República

Por: Jhossueth Almeida Villacís 

Desde sus albores como República, el Ecuador ha sido un país con pasiones políticas desbordadas, que nos han traído episodios de violencia e inestabilidad. Sería muy difícil pensar en que hayan existido al menos 10 años continuos de democracia, alternabilidad y respeto a las libertades fundamentales de las personas. Nuestro país se funda en el trauma de la independencia, seguido por la no menos traumática separación de la Gran Colombia. Seguido de las luchas floreanas y revoluciones marcistas. Luchas entre conservadores y liberales, y una serie de guerras civiles. La Gloriosa, Cuartelazos, guerras del socavón y de los cuatro días. Velasquismos y dictaduras. Siete presidentes en diez años, y uno solo en el mismo tiempo. Un país de extremos, sectarismos y caprichos individuales.

Desde el retorno a la democracia, más o menos cada cuatro años tenemos la oportunidad de traer orden y democracia al país. Por una variedad de razones esas opciones han sido generalmente desperdiciadas; tanto por el nivel de nuestra clase política como también por las pasiones de un electorado, diezmado por problemas como la pobreza, falta de empleo y delincuencia. La coyuntura actual, luego de una dramática primera vuelta electoral, nos presenta la misma oportunidad.

Con legítima causa, en esta elección se presentaron y tuvieron éxito: una opción de Socialismo del Siglo XXI, una indigenista de izquierda, una socialdemócrata y una liberal. Esas corrientes representaron los cuatro primeros lugares, siendo justo que cada posición ideológica en el espectro tenga una representación adecuada, y tercie los votos del electorado. Pachacutik y la Izquierda Democrática lo hicieron de maravilla en cuanto a la campaña, pero sería CREO, la opción liberal, la que se enfrente en la segunda vuelta con la opción sucesora del correísmo.

Parece cuesta arriba la remontada necesaria de Guillermo Lasso para ganar a Andrés Arauz. El candidato de CREO necesita, por lo menos, un 20% de votos adicionales para superar el ya obtenido 32,72% de Arauz en la segunda vuelta. Solo así se acercaría a la mayoría absoluta de votos que necesita para hacerse con la Presidencia de la República, a tenor de lo que exige el artículo 161 de la Ley Orgánica Electoral. Parece utópico, pero ese es justamente el juego de la democracia y la lógica de la institución del balotaje al buscar asegurar una legitimidad al nuevo Jefe de Estado.

La situación recuerda mucho a la elección del Perú de 2016 donde en primera vuelta el candidato de derecha, Pedro Pablo Kuczynski, obtuvo tan solo el 21,05% de los votos frente a un apabullante 39,86% de la candidata populista, Keiko Fujimori. En el balotaje, Kuczynski terminaría con el 50,12% sobre el 49,88% de Keiko, convirtiéndose en el nuevo presidente del Perú. Así, con antecedentes como este, se ve que alcanzar los votos necesarios para la victoria es posible.

Ahora bien, la gran labor de CREO es convencer a los votantes de Xavier Hervas y Yaku Pérez principalmente. Los resultados muestran que el electorado tiene un abanico de preocupaciones; donde el medio ambiente, la igualdad de género y los derechos de las minorías son un eje determinante. El movimiento liberal ha propuesto soluciones a estos temas desde un enfoque de crecimiento económico: a través de la prosperidad se puede adoptar mejores prácticas ambientales, las mujeres pueden tener independencia financiera, y las minorías alcanzarán mejores niveles de vida en igualdad de oportunidades. Necesitamos más.

El electorado, como el mercado, manda señales. El candidato, como el empresario, debe leer esas señales que el electorado manda y asimilar que asuntos no les ha dado el enfoque que se considera socialmente relevante y, abordarlos en un genuino proyecto de unidad nacional en situaciones como la actual. Eso es lo que está haciendo Guillermo Lasso. Públicamente, el candidato ha abierto las puertas a propuestas que no se habían incluido en el Plan de Gobierno, y se están tocando puertas de actores que se pueden encontrar en las antípodas de una posición ideológica determinada.

El ejercicio no es acomodaticio ni oportunista. Es la lectura de las necesidades de los electores. Es la mínima responsabilidad que alguien con altas intenciones de ostentar la primera magistratura del país puede tener. Sentarse y conversar con quienes no le dieron el voto. Y no solo para ganar, sino para gobernar de la forma correcta y adecuada. Gobernar para un universo heterogéneo de ciudadanos con causas legítimas. Causas que no tienen dueño ni un único rostro.

Dicen ya que el encuentro no es cuando el político quiere. Y es cierto. Tampoco es de los activistas o líderes de opinión. El tiempo es de las personas, el tiempo es del país. Y es pues que el reloj de la nación ya ha marcado esa hora, y llama a los demócratas que la guardan a actuar. Es una hora en el que tenemos dos opciones: la que quiere regresarnos a la distopía del autoritarismo y la corrupción, frente a la opción de la democracia, el orden y el diálogo. Negarse ahora a un país del encuentro sería dejar pasar la valiosa oportunidad de un proyecto de país realmente diverso, con la libertad siempre como eje fundamental.

Citando al expresidente Jaime Roldós, “(…) es hora del trabajo, el esfuerzo, la solidaridad, no de los paros, huelgas, amenazas, incomprensión o rumores.” Es la hora del diálogo, el encuentro y el consenso. Es la hora de la República.

Jhossueth Almeida Villacís es abogado por Universidad San Francisco de Quito con estudios en la Universidad Pázmány Peter en Budapest, Hungría. Ex asesor legislativo y actualmente abogado en libre ejercicio profesional e investigador jurídico en la Fundación Ecuador Libre, think tank dedicado a la investigación y difusión de las ideas de libertad.

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