4 mitos de la psicología y de la mente humana

La psicología, pese a ser considerada una ciencia médica en países desarrollados (al estar basada en la evidencia empírica y utilizar el método científico como cualquier otra rama de las ciencias médicas), todavía está plagada de ciertos mitos y falacias. Lamentablemente, esta es una de las razones por las cuales muchas personas, quizás particularmente en Latinoamérica, ‘no confían’ en los psicólogos clínicos y no comprenden realmente su labor y su importancia como profesionales de la salud. Considero que otra de las razones principales es la incompetencia de muchos de aquellos que se hacen llamar psicólogos sin contar con la formación requerida ni adherirse a los estándares éticos, legales y clínicos que la profesión amerita y exige. Tomando esto en cuenta, a continuación, analizaré brevemente cuatro mitos y verdades de la psicología y de la mente humana.

  1. La mayoría de las personas utiliza solo el 10% de su ‘poder mental’

Muchos de nosotros hemos creído que solo utilizamos el 10% de nuestro cerebro. He escuchado incluso que si fuésemos capaces de aprovechar todo nuestro ‘poder mental’ tendríamos capacidades sobrenaturales como levitar y leer mentes. Tantas personas creen en esta afirmación que en un estudio se encontró que 1/3 de estudiantes de la carrera de psicología estaban convencidos de que solo utilizamos el 10% de nuestra capacidad mental. Otro estudio encontró que el 6% de los neurocientíficos entrevistados tenían la misma creencia.

Sin embargo, pese a la popularidad de esta afirmación, en realidad necesitamos todo nuestro cerebro para funcionar adecuadamente. Si el 10% de nuestro cerebro fuese lo único que utilizáramos, esto implicaría que el 90% restante sea un vestigio inútil. Perdiendo muchísimo menos del 90% de nuestro cerebro en un accidente, por ejemplo, las consecuencias suelen ser catastróficas. Además, la evidencia indica que nuestra capacidad cognitiva y cuánto la aprovechamos depende de varios factores genéticos y ambientales, mas no de qué porcentaje de nuestro ‘poder mental’ o de nuestro cerebro seamos capaces de utilizar.

  1. Las personas creativas y emocionales utilizan más el lado derecho del cerebro

Cada lado del cerebro (hemisferio) tiene sus funciones, formas de activación y características propias. Sin embargo, la predominancia de cada hemisferio para ciertas tareas depende del tipo de tarea en lugar del tipo de persona. Se conoce que el hemisferio derecho recibe señales y controla los movimientos del lado izquierdo de nuestro cuerpo, y viceversa. Además, las principales áreas donde ocurren la recepción y producción del lenguaje se localizan en el hemisferio izquierdo en la mayoría de las personas. Los procesos de atención, en cambio, tienden a ocurrir en el lado derecho. Entonces, cada hemisferio es relativamente ‘mejor’ que el otro para ciertas actividades, pero esto no significa que algunas personas usen más un hemisferio que el otro según su forma de ser o sus habilidades.

Aunque los dos hemisferios cerebrales poseen sus características singulares, todo cerebro normal funciona de una forma integrada. Los dos hemisferios comparten información constantemente y se comunican de forma rutinaria durante la mayoría de las tareas que realizamos. La evidencia empírica indica que las funciones de cada hemisferio del cerebro son, en balance, mucho más similares que distintas. Entonces, no existe evidencia que sugiera que en las personas más creativas (o, en contraste, en quienes tienden a utilizar más la lógica), predomine uno de sus hemisferios cerebrales.

  1. Nuestra caligrafía y forma de dibujar revelan rasgos de personalidad

Este es otro de los grandes mitos de la psicología que carece de fundamentos científicos. Una gran cantidad de evidencia indica que las pruebas de dibujar una figura humana, por ejemplo, o el House Tree Person (‘dibuje una casa, un árbol y una persona’) tienen una muy baja validez para detectar casi todos los rasgos de personalidad normales y anormales. Sin embargo, estas pruebas son ampliamente utilizadas por psicólogos (y ‘pseudo-psicólogos’) por su popularidad, lo fácil que es tomarlas, y al tener un precio mucho más accesible que las pruebas de personalidad que en realidad funcionan.

Por otro lado, la grafología es una pseudociencia que pretende evaluar rasgos de personalidad y aptitudes de trabajo mediante el análisis de la caligrafía de las personas. La gran mayoría de la evidencia científica indica que la grafología no funciona mejor que el azar para evaluar rasgos de personalidad o predecir el desempeño laboral. Aun así, muchas personas siguen siendo fieles creyentes de esta práctica pseudocientífica y pretenden utilizarla en diversos entornos para evaluar a las personas. Con relación a su popularidad y nivel de aceptación, creo que ocurre algo similar que con la astrología: su cualidad de oráculo nos atrae. Nos sentimos identificados con las respuestas mágicas que obtenemos de este tipo de prácticas sin sustento empírico, aunque en realidad sean presagios vagos que aplican a cualquier persona. Es reconfortante creer que fueron hechos a nuestra medida.

 

  1. Los sueños tienen definitivamente un significado simbólico

El último de los mitos de la psicología que aquí desmiento es uno de los más populares. Quizás desde que Freud publicó su famoso libro La interpretación de los sueños en 1899, se ha empezado a creer que los sueños contienen verdades escondidas, deseos inconscientes e incluso presagios alarmantes. Ante este tipo de creencias, la mayoría de los científicos contemporáneos rechaza la idea de que lo que soñamos contiene un significado simbólico universal. Se ha encontrado que el contenido de la mayoría de nuestros sueños, en lugar de estar encubierto en símbolos, refleja las actividades y preocupaciones cotidianas que ocupan nuestra mente.

Sin embargo, estos hallazgos no necesariamente indican que Freud haya estado del todo equivocado. La ciencia moderna sugiere que la teoría de Freud con relación a la interpretación y el significado de los sueños quizás acertó en dos aspectos importantes: nuestros pensamientos y sentimientos diarios pueden influir en nuestros sueños, y las emociones también desempeñan un papel importante. Aun así, lo más probable es que lo que soñamos no represente nuestros impulsos escondidos e indeseados y, sobre todo, no constituya imágenes premonitorias de ningún tipo.


Fuente principal: 50 Great Myths of Popular Psychology – Scott O. Lilienfeld.

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