La actividad física como factor de prevención en la pandemia de COVID 19

Por: Nancy Castro, Nutrición y Dietética

La pandemia de COVID-19 ha resultado en una amenaza para la sociedad en términos de salud, economía y estilo de vida. Las condiciones patológicas preexistentes o las comorbilidades como la edad son uno de los principales factores y aumento de la morbilidad y mortalidad. La inactividad física debido a la cuarentena sostenida y al distanciamiento social pueden estar implicados en la baja capacidad de los sistemas orgánicos para resistir la infección viral y aumentar el riesgo de daño al sistema inmunológico, respiratorio, cardiovascular, musculoesquelético y cerebro.

La actividad física es un pilar fundamental para la salud general y la calidad de vida, constituye un factor clave para reducir el riesgo de numerosas afecciones, como hipertensión, obesidad, enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo II y mejorar la salud mental.

El ejercicio diario puede ayudar a combatir la enfermedad al estimular nuestro sistema inmunológico, la evidencia ha demostrado que el ejercicio moderado, realizado antes o después de la infección, mejora la morbilidad y mortalidad a las infecciones respiratorias. Por el contrario, los estudios preclínicos también han demostrado que el ejercicio intenso conduce a peores resultados en respuesta a las infecciones virales respiratorias debido a los bajos niveles de inmunoglobulina A salival. Dado que los estudios han documentado que el entrenamiento intenso y prolongados pueden provocar una reducción de las respuestas inmunitarias, no es prudente comenzar un régimen de entrenamiento intenso sino está acostumbrado a tales actividades. Una buena práctica es comenzar a hacer ejercicio con intensidades y duraciones más bajas y aumentar lentamente. Por ejemplo, caminar es la forma de ejercicio más natural, práctica y beneficiosa para los sistemas de órganos que conforman el cuerpo humano.

Muchos de los pacientes con COVID-19 llegan a desarrollar insuficiencia respiratoria y requieren de ventilación mecánica como un mecanismo de intervención para salvar la vida de ese paciente, sin embargo, una consecuencia de la ventilación mecánica prolongada es el rápido desarrollo de debilidad de los músculos respiratorios debido a la atrofia del diafragma y la disfunción contráctil, provocando una mayor morbilidad y mortalidad en los pacientes que se les llega a retirar este mecanismo. Por esto es que el entrenamiento con ejercicios de resistencia promueve numerosos beneficios al estimular el músculo del diafragma ayudando a evitar la disfunción del mismo inducido por el ventilador.

La actividad física y la reducción del comportamiento sedentario se logra fácilmente evitando estar sentado durante períodos prolongados, realizando pausas breves para realizar movimientos o actividades, utilizando clases de ejercicio en línea y utilizando tecnologías móviles como aplicaciones telefónicas y sensores portátiles para fomentar el movimiento. Algunos ejemplos de ejercicios en el hogar que no requieren grandes espacios o equipos, aunque se practican fácilmente en todo momento del día, incluyen caminar, subir escaleras, levantar y cargar alimentos, sentadillas en silla, flexiones de brazos, abdominales, saltar la cuerda, yoga, Pilates y Tai Chi. Un programa de ejercicio inicial debe comenzar con intensidades bajas durante períodos cortos y progresar lentamente a una actividad física más intensa o períodos de ejercicio de mayor duración. 

De acuerdo con las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud, para él adulto se debe realizar 150 minutos de actividad física moderadas o 75 minutos de actividad física vigorosa por semana y en niños/adolescentes las recomendaciones incluyen al menos 60 minutos al día de actividad física de intensidad moderada o vigorosa

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