Carta al 2021

Querido 2021,

Me pateaste. Hiciste lo que quisiste conmigo. Me sumergiste en un profundo malestar nunca antes visto por mí. Me viste en mis peores estados, en mis peores condiciones.

Sin embargo, me acuerdo cómo empezamos. Con mucho entusiasmo por el nuevo año y todo lo que estaba segura que iba a lograr, con mis ganas y mi esfuerzo. Avanzamos al principio con mucha alegría, disciplina, optimismo y resiliencia. Me diste un montón de nuevas oportunidades. Me enseñaste a levantarme temprano, tener una rutina estricta, y muchas cosas que jamás voy a olvidar. Creo que lo más valioso que me enseñaste fue que caminar en el sol por 20 minutos, puede cambiar tu estado de ánimo completamente. Caminamos mucho, y caminamos juntos. Esas caminatas en las que escuchábamos podcasts, sacábamos alguna conclusión interesante de la vida o alguna idea nueva, son el regalo más valioso. Esas levantadas a las 5 de la mañana para salir a correr porque no teníamos otro momento, las guardo en mi corazón. 2021, me enseñaste todo lo que soy capaz de hacer.

Luego vinieron días tristes. Contigo viví los segundos más duros que he vivido. Hubo días dentro de lo que fuiste, 2021, en los que ni siquiera podía pararme de la cama de la tristeza. Pararme a bañarme era el logro del día. Así, de a poco, fueron pasando los meses. El dolor se calmó, pero ahí seguía la melancolía. Aun así te agradezco, 2021, porque me enseñaste lo importante que es cuidarme a mí misma. A mis límites, a mis decisiones. Me enseñaste a honrar mis prioridades, a respetar mis esfuerzos y a serme fiel todos los días de mi vida. 2021, me enseñaste que el proyecto más grande y más importante siempre seré yo: mi bienestar, mi crecimiento y mi desarrollo. Eso es algo de ti que siempre atesoraré.

No has sido un año tan querido. Y con justa razón. Has sido el rezago de una catástrofe inmensa. Muchos pronosticaban que ya en ti iba a parar la pandemia, iban a parar estas limitaciones. Pero no fue así, y está bien. La vida se trata de saber apreciar las cosas, de verle el lado bueno y el aprendizaje que debemos sacar de cada cosa que nos pase, ya sea buena o mala. Como ya sabes, lamento admitir que muchas de mis actitudes dentro de lo que me pasó dentro de ti, si recayeron dentro de una actitud derrotista. Decidí culparte muchas veces. “Maldito año”, “este no es mi año”. Pero tu y yo ya aprendimos que de eso no se trataba.

Por esto decidí hacerte una promesa. Porque dentro de todos esos tropiezos, has sido un año extremadamente importante para mi. Esta promesa será para honrarte a ti y en la persona que me convertí gracias a ti y a tus desgracias. Prometo tomar una mejor actitud ante la adversidad. Te prometo que la resiliencia será mi mejor amiga estos años venideros. Gracias a ti por enseñarme que es la virtud más importante.

Te quemo, como mis costumbres me han enseñado. Te quemo con mucha nostalgia, pero con mucho aprendido también.

Hasta nunca,

 

María Emilia

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