Trump y la cultura de cancelación

Tras la censura de Twitter del presidente de Estados Unidos de América, Donald Trump, se ha levantado una fuerte discusión acerca de la censura y la libertad de expresión. Facebook, Instagram, Snapchat, YouTube y Twitch tomaron la misma decisión, pero de manera temporal. Así como muchos celebraron este hecho, otros también lo criticaron. No es para menos la controversia, pues que una empresa privada tenga el poder de censurar al presidente del país más significativo del mundo es alarmante. Dentro de este suceso, se abre el debate en cuanto a si es que plataformas digitales significativas deberían tener la potestad de decidir a quién censurar.

Ex-presdente Donald Trump. Vía: El Comercio

El presidente Donald Trump, después de este suceso, firmó una orden ejecutiva con el objetivo de retirar a las redes sociales la potestad de regular el contenido que publican sus usuarios. Según el presidente, se eliminaría o cambiaría la sección 230 de la Ley de Decencia en las Comunicaciones. A partir de esto, Trump buscaría disminuir la potestad de protección de las compañías de tecnología.

Varias figuras controversiales se han manifestado en contra del hecho. La canciller alemana Ángela Merkel mencionó que esta decisión habría sido “problemática por limitar el derecho fundamental a la libre expresión”. No solo eso sino también, México anuncio el pasado jueves que contactaría a los estados miembros de la G20 para trabajar en una respuesta consensuada en cuanto a la censura por empresas digitales privadas. Marcelo Ebrard, secretario mexicano de relaciones exteriores, mencionó que ya se habrían contactado con el gobierno francés, la comisionada de la Unión Europea, varios países en África, Latinoamérica y del Sureste Asiático.

Sin duda el debate es complejo; pues se trata de desafiar a la libertad de la empresa privada, con la libertad de expresión. Llega a ser incluso contradictoria. Menciona Zygmunt Bauman “la red es un compuesto líquido, no posee una estructura clara, definida ni continua”. El problema se agrava en el sentido de que no se le está censurando a cualquiera. A pesar de que no haya un concepto de universalismo en esta situación, es importante evaluar ambas variables.

Twitter, como empresa digital, es una iniciativa privada que responde libremente a sus acreedores. Es decir que sus decisiones, sean beneficiosas o perjudiciales para ellos, son enteramente responsabilidad de ellos. De hecho, desde que Twitter decidió suspender la cuenta de Trump, las acciones de la empresa han caído en Wall Street. Desde el 12 de enero, bajaron un 2,37%. A pesar de esto y las denuncias previas, Twitter se ha mantenido con su decisión de seguir censurando al presidente de Estados Unidos.

Por otro lado, se mencionan puntos muy válidos. Twitter decidió tomar esta medida porque las publicaciones de Trump ocasionaban un riesgo significante de violencia. La influencia del presidente de Estados Unidos es relevante, e importante a tomar en cuenta. Bajo este punto de vista se logra legitimizar la censura, a pesar de que sea una medida extremadamente controversial.

Hay que observar la causa más importante por la que este hecho ha entrado a debate: porque se trata del presidente de Estados Unidos de América. En cualquier otro contexto, es inconcebible cortar la libertad de esta persona. Sin duda este suceso invita a reflexionar en cuanto al poderío de las comunidades digitales no solo en cuanto a la geopolítica, sino en el discurso de la sociedad y en la economía. ¿Quién es el dueño de la verdad? ¿Por qué este suceso llama tanto la atención? ¿cuál es el futuro de una sociedad extremadamente sometida y expuesta a la digitalización del discurso político?

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