La ciencia lo dice, no hay un gen gay

Por: Ivonne Salinas Avalo y Vanessa I. Romero

Desde muy pequeños, aprendemos lo que es normal, y anormal según nuestras vivencias. Enseñamos a niños y niñas a ser caritativos con las demás personas y a rechazar la desigualdad.  Pero si un día despertamos y la sociedad ha designado el ser caritativo como anormal o patológico, ¿cómo cambiaría nuestra realidad y qué pasaría con las personas cuya personalidad está definida por este rasgo? ¿Discriminaríamos y perseguiríamos a las personas caritativas? ¿Buscaríamos curarlas de esta actitud “anormal”? ¿Las humillaríamos en la calle y enseñaríamos a las siguientes generaciones que ayudar a los necesitados es vergonzoso y sufriríamos al tener un hijo o hija caritativo? Esta situación ocurrió con la orientación sexual, después de que socialmente se aceptó a la heterosexualidad como la norma, y cualquier otro tipo de orientación sexual como anormal y amenazante. Las cognotaciones sociales de esta discriminación pueden tomar varias generaciones en corregirlas pero al momento se tiene suficiente información científica para asegurar que la orientación sexual biologicamente se comporta como cualquier otro rasgo de la personalidad y que no existe un único gen que lo determine.

A través de la historia de la humanidad, la aceptación, o rechazo de la diversidad de la orientación sexual ha dependido de las creencias y tradiciones de las culturas. En escritos de Grecia, Roma y Mesopotamia encontramos ejemplos históricos de cómo las relaciones homosexuales eran consideradas normales. Durante el Edad Media, muchas de las culturas europeas rechazaron y castigaron a la homosexualidad aunque el rasgo siempre se mantuvo presente. La línea histórica del rechazo a la diversidad de la orientación sexual continuó y fue así como en 1952, se incluyó a la homosexualidad como un trastorno psiquiátrico en la primera edición del Manual de Enfermedades Mentales (DSM-1) publicado por la Asociación Americana de Psiquiatría (Drescher, 2015). Junto al auge de la tecnología  como método terapéutico, la orientación sexual se convirtió en un ente patológico que todos querían curar. Miles de profesionales de la salud alrededor del mundo se enfocaron en buscar tratamientos y métodos preventivos para el nuevo trastorno psiquiátrico. Electroshock, hormonas y cirugías cerebrales son algunos ejemplos de las terapias que se utilizaron. No obstante, al no tratarse de una enfermedad, no es una sorpresa que estas terapias no tuviesen los resultados deseados.

La orientación sexual se define como la atracción física, emocional, sexual o afectiva hacia otros y, como el ser caritativo, es un rasgo de nuestra personalidad. Ambas son el resultado de una compleja interacción entre factores genéticos, sociales, culturales, embrionales y vivencias personales. Por lo tanto, esta no es manipulable, prevenible o curable. La orientación sexual abarca un amplio grupo de posibilidades que desmienten la percepción social de que biológicamente las mujeres sienten atracción exclusiva hacia los hombres y viceversa. Homosexualidad, heterosexualidad, bisexualidad, pansexualidad, asexualidad, entre otros son los términos con los cuales se ha bautizado a la variedad de orientaciones. Históricamente, el término homosexualidad fue acuñado en 1869 por Karl-María Kertbeny durante una campaña en contra de las legislaciones del gobierno de Prusia que castigaban lo que se conocía como Sodomia (Ambrosino, 2017). Asimismo, el término bisexualidad se originó en el siglo XIX para referirse a organismos hermafroditas. Al contrario de lo que se piensa, la diversidad en orientación sexual no es un rasgo exclusivo de los seres humanos, pues más de 100  especies en la naturaleza también poseen este rasgo. Patos, bisontes, bonobos, entre otros, son especies que manifiestan conductas fuera del concepto de heterosexualidad.

Tomada de UnSplash. Créditos a Jose Pablo García – Costa Rica

A finales del siglo XIX se dio el auge tecnológico de la genética y cientos de investigaciones científicas se centraron en hallar la correlación genética de las enfermedades. Entre estas, la homosexualidad, pues la idea de que un gen era el causante de la orientación sexual era muy popular en la época. Los primeros estudios se enfocaron en analizar si era más común la homosexualidad en una familia, pues indicaría un fuerte componente genético. Durante esta etapa, se publicaron cientos de artículos relacionados a estudios de familias y gemelos homosexuales pero ninguno encontró resultados significativos (Pillard y Weinrich, 1986; Långström., et al, 2010). Además, ninguno de estos consideró la influencia que puede tener el ambiente en donde crece un individuo. Tiempo después, surgió la idea de que la atracción a los hombres se heredaba en el cromosoma X, pues las mujeres tienen 2 (XX) y los hombres solo 1 (XY), heredado por la madre (Hamer, et al., 1993). No obstante, las investigaciones realizadas alrededor de este cromosoma carecían de significancia científica suficiente por lo que, finalmente, se descartó como una posible causa de la homosexualidad masculina. La búsqueda de genes relacionados a la orientación sexual en otros cromosomas continuó. Sin embargo, nunca se encontró evidencia relevante. Es así, como después de años de estudios se concluyó que la orientación sexual no era una patología de causa genética. Sin embargo, vale la pena recalcar que al tratarse de un rasgo de la personalidad como cualquier otro, la orientación sexual sí recibe influencia de varios genes expresados en distintas regiones del cerebro.

Pasaron muchos años para que la comunidad científica deje de catalogar a la homosexualidad, y otras orientaciones sexuales distintas a la heterosexualidad, como enfermedades psiquiátricas. El primer paso fue la eliminación de la homosexualidad como patología psicológica en la segunda edición del Manual de a Diagnóstico de Enfermedades Mentales (1973) y al retirarla de la lista de enfermedades de la Organización Mundial de la Salud (1990), la lucha contra la discriminación injustificada finalmente alcanzó  un logro mundial de gran influencia (Spitzer, 1981; Cochran., et al, 2014). A partir de este momento, la comunidad científica concluyó que ninguna orientación sexual será etiquetada como anormal de manera definitiva. No obstante, a pesar de los logros alcanzados, se mantienen ideologías obsoletas, por lo cual la lucha por la desestigmatización y la universalidad de los derechos aún no termina y requiere de todos para continuar. Empecemos por reconocer a la orientación sexual como uno de los miles rasgos de la personalidad que existen el cual está influenciado no por uno si no por una gran variedad de genes.

Vanessa I. Romero

Vanessa I. Romero es investigadora y profesora del Colegio de Ciencias de la Salud- Escuela de Medicina de la USFQ. Es médica y PhD en genética humana. Su investigación y consulta se centra en condiciones genéticas sin diagnóstico, enfermedades raras, enfermedades metabólicas y genética de poblaciones. Al momento tiene varios proyectos en conjunto con la Universidad de Kanazawa-Japón y estudiantes de medicina. 

Ivonne Salinas Avalo:

Ivonne Salinas Avalo es una estudiante de cuarto año de medicina de la USFQ. Entre sus motivaciones para ser una profesional de la salud se encuentran la lucha por la igualdad de género, los derechos humanos y la salud global. Trabaja mediante la organización de charlas para la educacion médica integral de personas dentro y fuera de la comunidad científica. En sus tiempos libres, aprende chino y disfruta pasar tiempo con sus seres queridos.

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