Entrevista a Jaime Izurieta: Corrupción en la industria de construcción

  1. Según el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la construcción es una de las industrias más proclives a la corrupción. ¿Qué le inclina a esta industria hacia la corrupción?

Tal vez es la más visible porque el entorno construido lo experimentamos diariamente. La corrupción surge cuando la normativa es “técnica” y hecha desde arriba, y no corresponde a la realidad del mercado. Por el espacio que queda entre las dos se puede colar cualquier cosa. 

  1. ¿Podría diferenciar entre la construcción inmobiliaria y la construcción de obra pública?

La principal diferencia es que un constructor inmobiliario asume un riesgo y requiere conocer las preferencias de la gente para que su propuesta tenga acogida. La obra pública no implica asumir riesgo, y peor cuando son obras arquitectónicas que solo reflejan vanidad. En Ecuador hay varios ejemplos de obra pública en la que no hay consecuencia alguna para los funcionarios, como las plataformas urbanas, el “metro” o aeropuertos por todo lado.

  1. Esta entrevista se enfoca en construcción inmobiliaria. No es un fenómeno que solo sucede en América del Sur. Un estudio del Banco Mundial de 2007 recalcó que en la India, 70% de las empresas manifestaron haber realizado regalos para obtener un permiso de construcción. ¿A qué cree que se debe este fenómeno? 

Es un problema regulatorio. Cuando la burocracia encarece el proyecto de manera desproporcionada entonces es rentable ir por ese lado. Es un fenómeno similar al que empuja a muchos comerciantes a ser informales. Ser legal es demasiado costoso porque la normativa y los procesos son interminables. Entonces se abren espacios para la corrupción.

  1. A pesar de que existe un exceso de regulación en normas de ocupación y uso de suelo muchas ciudades continúan con un desarrollo caótico. Parecería que las normas regulatorias no mejoran la calidad de ordenamiento urbano pero sí generan un espacio para corrupción. ¿Cuál es su opinión en esto? 

Correcto, no mejoran. Son normas que regulan aspectos cuantitativos y no cualitativos del espacio urbano. Y la mayoría son hechas por gente educada con la visión urbanística del siglo XX que fue terriblemente destructiva. Entonces mientras la normativa se preocupa de regular la profundidad de las piscinas o la distancia del dormitorio al baño, no se asume como importante la experiencia de la gente que transita afuera de esos edificios. Eso, sumado al bloqueo al desarrollo que existe con normativas incompatibles con el mercado, hace que el crecimiento en la periferia sea desordenado. 

Pero es importante mirar qué tipo de desorden se hace. En esa misma periferia hay barrios que se construyen sin basarse en la normativa entonces su crecimiento es resultado de la suma de decisiones de cada familia. En esos barrios hay grandes lecciones para los planificadores.

  1. ¿Conoce usted algún modelo de regulación exitosa de procesos de urbanización en América Latina? 

Hay ejemplos buenos de proyectos de los que se puede obtener lecciones para hacer normativas, pero no se me ocurre ningún ejemplo de regulación exitosa. Te diría que quizás el código basado en forma de ciudad Cayalá en Guatemala. Lo que sí hay son zonas de las ciudades latinoamericanas que son bellísimas y de las que se puede extraer patrones para hacer regulaciones urbanas que conformen un buen espacio público. 

Ese es el valor de los códigos basados en la forma, que son un tipo de normativa cualitativa y no cuantitativa. Esto significa que el énfasis está en regular la calidad del espacio urbano afuera del edificio para crear entornos coherentes y mejorar el espacio público.

  1. ¿Cuál es la estrategia que debería seguirse para poder reducir la corrupción en el sector y propiciar el desarrollo de espacios que permitan mejores condiciones de vida a la población?

Hacer una “poda normativa”. Yo creo que el enfoque ha sido en iniciativas de Smart City y en proyectos puntuales de desarrollo y eso se traduce en poco contacto con la realidad de cada barrio. Los planes que se han hecho, unos mejores que otros, se han hecho y adoptado sin consenso y pensando la ciudad como que es el Municipio quien la construye. Y no es así. Cada familia le va dando forma con sus decisiones, de acuerdo a su realidad inmediata. Entonces esos planes terminan archivados, pero están vigentes y la normativa que se aprueba debe contemplar esos objetivos, que son desconectados de la realidad, entonces toda normativa nueva va a seguir ese círculo vicioso.

Mi recomendación sería pensar la normativa en escalas, que las decisiones que afectan directamente el entorno de las familias se tomen por barrio, y se deje a los municipios las que requieren una decisión a nivel metropolitano, o regional incluso. Cada escala tiene grados de intervención, alcances y consecuencias distintas. La regulación que no refleje esa realidad va a seguir creando el tipo de ciudades que tenemos hoy.

Jaime Izurieta. Créditos: 4pelagatos

Arquitecto del Savannah College of Art and Design especializado en conservación de patrimonio y diseño urbano. Master en Desarrollo Económico urbano y regional del Instituto de estudios urbanos de la Universidad Erasmus de Rotterdam. Su práctica profesional desde la academia, el sector público y la consultoría se centra en el estudio de la psicología de los espacios urbanos y su conexión con el desarrollo económico. Actualmente colabora en proyectos de diseño urbano y de tecnología en los Estados Unidos y enseña a negocios pequeños cómo atraer más clientes creando fachadas comerciales inolvidables. 

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