“No me quiero morir en una oficina, yo me muero en la selva’

“No me quiero morir en una oficina, yo me muero en la selva’
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Omar Tello, el sembrador de bosques

Un hombre de 60 años ha levantado siete hectáreas de bosque amazónico en la ciudad de Puyo, en el oriente ecuatoriano. Si bien en un principio esta tierra no servía más que para que pastar el ganado, luego de 36 años de solitario esfuerzo, Omar Tello logró erigir un bosque lleno de vida -pero amenazado por la expansión urbana-. El nombre oficial del lugar es Jardín Botánico “Las orquídeas”, una de las principales atracciones turísticas de la provincia de Pastaza. Un sueño hecho realidad.

Omar Tello estudió contabilidad y trabajó 15 años en un banco de Puyo, pero se dio cuenta que ese estilo de vida no era que él tenía en mente. “Me dije ‘no me quiero morir en una oficina, yo me muero en la selva’. Compré un pedazo de tierra, después fui complementando, hasta donde fue posible comprar… de ahí fuimos haciendo las travesuras…”, relata Tello.

“Fue muy complicado, la gente me decía loco”, señala Tello. Explica que hace 36 años la gente buscaba terrenos que tuvieran pasto para el ganado, pero nadie compraba un bosque, y eso era precisamente lo que él pretendía hacer.

Su primera tarea fue la recuperación de suelos. Trabajó transportando toneladas de aserrín entre la lluvia, la erosión y los insectos. Probaba combinaciones de materiales para que el suelo pudiese ser lo suficientemente fértil como para albergar un bosque. “Primero había que crear el espacio para la vida… cuando yo llegué era un espacio muerto, no había oxígeno, ni árboles, ni insectos, no había nada”.

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Año tras año, Omar Tello, documentaba con una pequeña cámara compacta cómo la fauna del bosque iba cambiando, y cómo cada vez llegaban más y más animales, atraídos por la flora exuberante, antaño perdida en esos territorios. Estas fotografías están organizadas en una gran sala donde se aprecian las especies más representativas de cada año, comenzando en 1980. “Se me despertó un interés en la biología, pero esto lo hacía en las noches. Entonces, aquí he pasado 33 años de malas noches, señala Tello con orgullo.

La intención del sembrador es demostrar que se puede establecer un bosque primario de la nada. Por su parte, Vlastimil Zak, profesor de biología de la USFQ, no está de acuerdo: “Un bosque primario es aquel que no tiene una intervención, sea esta artificial, causada por el hombre; o natural, causada por derrumbes o cualquier otro evento”. Además, agrega que para generar un bosque primario a partir del pasto se necesitaría como mínimo 5000 años.

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El amazónico describe su labor como limitada, pero positiva: “Hay una recuperación de fauna increíble, pero que sí causa un impacto por el tamaño del terreno, porque el ecosistema no puede mantener toda la fauna que viene acá”.

El proceso no fue fácil, pues incluso tuvo problemas en su matrimonio. “Ándate con tus hierbas, ándate con tus montes… lo que pasa es que tenía razón porque a veces yo no llegaba a la casa… Yo pasaba es en mi bosque, entonces ya me botaban de la casa”, comenta Tello entre risas. “Él siempre me decía ‘este va a ser el mejor lugar del Ecuador y vas a ver cómo va a crecer el bosque, vas a ver cómo le gusta a la gente… íbamos nosotros entendiendo cuál era la meta”, agrega Ángela Tello, hija de Omar.

“No tenemos grandezas, porque en verdad todo lo que ha habido de recursos ha tenido que ir invirtiendo en el bosque, pero nos llena de tranquilidad ver como el trabajo está siendo valorado por la gente”, expresa Lupe Rivadeneira, esposa de Tello.

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“Esa prisa por vivir, por tener, por hacer fortuna, hace que se deprede más, por ejemplo, talamos un árbol tierno, y nos damos cuenta que el mueble no dura tanto”, lamenta Tello.

Pese a que parece una tarea de locos, Omar espera triplicar la superficie del bosque en los próximos años. “Yo moriré aquí… mi sueño es que incineren las cenizas y las boten aquí, quiero servir de abono, que un helicóptero riegue las cenizas sobre este bosque”, enfatizó el sembrador de bosques.

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