¿Palestina o Israel? La respuesta: Los derechos humanos

Por: Michael Valdivieso Muñoz

Durante los últimos días he tenido la oportunidad de conversar con personas que viven en Tel Aviv o en Palestina, y relatan su experiencia en carne viva de bombardeos de lado y lado. En cada caso defienden su posición a capa y espada; presentando información legal, histórica y hasta estadística que la justifica. Desde la distancia es fácil entender que, sea cual sea la posición, ambas van a sufrir sesgos de confirmación, por lo menos. Sin embargo, como me dijo un gran amigo, cuando debes dormir en refugios antibombas, puedes tener todo el sesgo de confirmación que quieras.

La verdad es que esta es una rivalidad que se ha convertido en parte de la identidad de ambos estados. Israel no puede reconocer a Palestina como otra cosa que su amenaza, y Palestina no puede reconocer a Israel como otra cosa que como su amenaza también. ¿Cómo salimos de una relación en la que la identidad construida es tan negativa? La verdad es que no hay una respuesta fácil, y el conflicto tiene demasiadas aristas que observar. Sin embargo, los derechos humanos pueden ser un buen punto de partida para revelar los intereses de ambos países detrás de sus posiciones.

La violencia indiscriminada y los crímenes de guerra han sido perpetrados por ambas partes. Por un lado, el ejército israelita ha tenido un uso excesivo de la fuerza en contra de los territorios de palestinos, y estas acciones han quedado en la impunidad. Por otro lado, Hamas, históricamente, ha perpetrado ataques en contra de civiles y ha disparado misiles indiscriminadamente. Por Israel, es entendible que no deberían vivir bajo el miedo de ser bombardeados sorpresivamente y por lo tanto toman esta estrategia. Por Palestina, su estrategia busca recuperar territorios de los que fueron desplazados.

En este punto del conflicto, donde la violencia llegó a un pico muy agudo después de 11 días de enfrentamientos, lo único que puede parecer dar luces sobre un posible punto de encuentro entre ambos actores son algo reconocido universalmente: Los derechos humanos. En ellos se encuentran conceptos inalienables a cualquier persona del mundo, como la dignidad y el derecho a la vida. En declaraciones de representantes de ambos lados, se puede encontrar que este puede ser un instrumento para encontrar el principio de una discusión que llevará un largo tiempo en llegar a un acuerdo.

El día de hoy (mayo 20, 2021) se ha llegado a un cese al fuego entre Hamas y el gobierno israelita, fue propuesto por el gobierno egipcio. Para ambos lados esto significa un respiro y al mismo tiempo una derrota. En realidad, este cese al fuego puede significar nada más que una pausa en este conflicto, y que la violencia se reanude en un futuro próximo. El problema está en que no importa si hay un cese al fuego, porque sin tratar los problemas subyacentes no se llegará a ningún lado. La comunidad internacional buscaba este proceso de paz, pero sin miras a un futuro de paz sostenible en el que millones de palestinos puedan tener claridad sobre su futuro para vivir una vida digna. Y al mismo tiempo, que millones de israelitas puedan vivir en paz.

La reciprocidad en violaciones de derechos humanos y en crímenes de guerra no es beneficiosa para ninguno de los lados, y no importa de donde vengan estos actos, son deplorables. Estos deberían ser denunciados y los perpetradores deberían ser responsabilizados por ellos. No existe justificación moral o legal para cometer crímenes de guerra en ningún caso, sin importar las causas. La legítima defensa es entendible y hasta cierto punto justificable, pero los crímenes no. El cese al fuego presenta una oportunidad para visibilizar lo que de verdad pesa. Como comunidad internacional, ¿queremos saber quién tiene la razón, o preferimos que los derechos de millones sean respetados? Esta es la oportunidad en donde los líderes políticos deben verdaderamente hacer un trabajo de diálogo importante, y jugar un juego de ajedrez de la manera más estratégica posible para que tanto sus intereses sean satisfechos y al mismo tiempo se pueda llegar a una paz equilibrada. Tal vez estoy siendo un optimista idiota en pensar que este conflicto puede llegar a una solución. O tal vez, confío en que los derechos humanos en realidad pueden ser un punto de encuentro para ambas partes y es desde ahí el punto de partida a una paz sostenible.

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