EDOC14: Danzar con María

Una reseña del documental “Danzar con María” del director Iván Gergolet

Las hojas de los árboles danzan al ritmo, pero no de la música, porque no la necesitan para moverse, sino del viento. Así fue que María Fux supo que no era necesaria la música para que ella comenzara a danzar.

Su cuerpo, aunque ya aquejado por los años y la vejez, aún se mueve grácil y elegante frente a la cámara de Iván Gergolet en un documental donde la vida de la bailarina argentina se cuenta por medio del cuerpo, sus posibilidades y también sus limitaciones.

María Fux ha dedicado toda su vida a la danza y ahora, años después de haber experimentado por sí misma el movimiento, se entrega a la danzaterapia. Dos niños con síndrome de Down, una mujer con una discapacidad en su pierna y algunos que se aquejan de dolores profundos del alma, acuden a la escuela de María para aprender que el cuerpo es más que aquello que habitamos; que es un espacio lleno de medios para explorar y salir de la zona de confort a la que nos hemos acostumbrado.


El documental nos entrega un retrato de quien ha dedicado su tiempo a explorar el cuerpo a través de la danza y logramos entrar en su espacio íntimo con pocas palabras. En medio del silencio del documental escuchamos una música que acompaña a María a través de las paredes de su estudio. A ella la escuchamos hablar únicamente para conducir a sus alumnos; del resto nos enteramos al verla danzar.

El cuerpo de María ha perdido su esbeltez de juventud, pero arropada en sus largas batas lilas, se perfila un cuerpo que reboza vitalidad, que es hermoso, más allá de su forma y debido a la facilidad con la que crea movimientos y a través de ellos cuenta las historias de la vida. Con sus manos, recrea el suave caer de las gotas de lluvia o simula el movimiento del viento con sábanas que danzan a un ritmo insonoro. María habla de la música, como si la escuchásemos todo el tiempo, como si en nuestras cabezas siempre sonara una melodía que marca el paso de nuestros pies. La vemos en cámara moverse suavemente y podemos imaginar fácilmente que está escuchando alguna canción. Sus alumnos danzan y mueven sus cuerpos al ritmo de un sonido invisible. Aprender a danzar no implica perfección alguna, sino exploración y eso aprendemos de ellos y de la danza de María.

 

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