Shakespeare en Brasilia

Al filo de la democracia, documental de Petra Costa (Netflix)

Quizá la política sea el monstruo que todo lo devora, el que nos configura a su imagen y semejanza y hace viles de los honestos y embusteros de los justos. Quizá, como lo quería el sociólogo Max Weber, comulgar con la política es cenar con el diablo e, invertidos los papeles, el bien no necesariamente atraiga al bien y el mal al mal, como si se tratase de una ruleta macabra. En lo personal, he visto en primera fila torcer la lógica y esgrimir argumentos peregrinos a los políticos o mudar de opinión sin titubeos ni sonrojo alguno. Lo que han escrito los grandes pensadores de la política parece ser cierto.

Crédito: ANSA

El documental Al filo de la democracia, rodado por la brasileña Petra Costa y estrenado en 2019, nos lleva de la mano por el oscuro periplo de la política y su pasión por la fragilidad, el engaño y la corrupción. Rodado con mano diestra, recoge a centímetros de distancia el perfil de los principales personajes de la política brasileña a partir del regreso a la democracia a mediados de la década de 1980, hasta la aparición del actual presidente Jair Bolsonaro.

La cámara sigue en primer plano a uno de esos personajes, Luis Inácio Lula da Silva, el sindicalista metalúrgico que llegó a ser presidente del Brasil después de varios intentos y ha sido considerado uno de los políticos más influyentes del mundo. Su plataforma: una política de izquierda cercana a la socialdemocracia de alto impacto social y su lucha contra la pobreza. Sus virtudes: una alta dosis de carisma y el discurso generoso, sencillo y al parecer honesto del hombre que quiere reivindicar al pueblo llano. De su gran éxito como político en el poder durante ocho años sigue al gobierno de Lula el mandato de su coidearia y amiga, Dilma Rousseff, antigua guerrillera torturada durante la dictadura brasileña en 1970. Hasta ahí pareceríamos asistir, si no a la consagración de un grupo jacobino en el poder, sí a la consagración de un modesto Prometeo.

Pero la virtud es algo de veras reñido con la política. Durante los años de gobierno, Lula no solo debió ser coherente con su línea ideológica sino que le fue necesario transar con los que han manejado los grandes centros del poder del país para mantenerse. Su partido, el de los Trabajadores, terminó por alejarse de la gente y sus organizaciones para permanecer en la cresta de la ola. Lula, y después Dilma, atrapados por la danza del poder, debieron jugar con las armas que el demonio puso en sus manos para convertir lo bueno en malo y lo malo en algo peor. Es el precio de cenar con Mefistófeles.

Crédito: https://droneefilmes.com.br/

La directora del documental nos acerca a los hechos en primera persona y a escasos metros de distancia: su relación con los protagonistas principales, Lula y Dilma, es umbilical por el lado de sus padres, comprometidos militantes de izquierda. Pero en la artista habita una contradicción: también integran su tronco familiar grandes industriales que han construido el país no solo con noble intención sino movidos por el interés. Constituyen, a ojos de la directora, las sustantivas manos del poder. Bajo su sombra Costa encuentra —y nosotros con ella— la fuerza real que permanece y domina. Lo dice la voz en off de Al filo de la democracia, la de la propia autora, desde el palacio de gobierno de Planalto, en Brasilia: «un político le preguntó al dueño de la empresa [una gran constructora]: ¿Qué haces aquí?. Y el otro contestó: Siempre estoy aquí. Ustedes los políticos son los que cambian.» El juego del poder, nos susurra la voz, es una danza entre los políticos que son oficiantes y los ricos.

Los villanos de la historia son los embusteros, los traidores y los ambiciosos, el jugador de doble rostro Eduardo Cunha, presidente de la Cámara de Diputados, quien tras dudar entre Lula y los otros termina por corromperse. El vicepresidente que se convierte en presidente en lugar de Dilma, Temer, piedra en el zapato que Lula debió aceptar para conseguir los votos que permitieran llevarla a la silla presidencial. El tribuno conspirador, el juez Sergio Moro, que conduce un largo y complejo proceso para llevar a Lula a la cárcel, el caso “Lava Jato”. No es poca cosa lo que intenta Costa en Al filo de la democracia: bocetar un drama con veta trágica y tinte shakesperiano, interpretado por personajes de la vida real.

Para quienes se acerquen Al filo de la democracia, podemos anticipar sin riesgo de spoiler que el documento estremece y deja una profunda desazón entre quienes hemos nacido en este continente. Entre llamadas telefónicas intimidatorias de los poderosos y la necesidad de pactar que conduce a los que dicen tener buenas intenciones a situarse en medio de la incertidumbre, nunca las aves que flotan en las fuentes exteriores de Planalto han convocado esta incertidumbre. Petra Costa exhibe “claridad analítica dentro de la catástrofe” en su documental, como ha escrito un comentarista https://www.nytimes.com/es/2019/06/20/espanol/netflix-al-filo-de-la-democracia-brasil.html

La luz que secciona la noche de Brasilia, la ciudad artificial más bella del mundo, construida por artistas que solo olvidaron que sería habitada por el ser humano y sus monstruosas pequeñeces, preludia las palabras del político más querido del mundo —como se refiere Barack Obama al protagonista de este naufragio—, y es la misma luz que quizá deje de iluminarnos si no estamos dispuestos a proteger la democracia en este continente.   

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