Metas sostenibles para el 2022

Cada año nuevo que inicia nos llena de mucho optimismo y ganas. Cada uno se propone nuevas metas; ya sean financieras, sociales, en el amor, profesionales, académicas y muchas más. Las ganas y el entusiasmo que le ponemos a cumplir esas metas a principio de año, son el motor que nos ayuda a lograr pequeños pasos en nuestro día a día que nos acercan más a cumplir estas metas. Muchos se quedan en el camino, muchos si lo logran. La diferencia fundamental entre estas 2 personas es que aquellas que lo lograron, si mantuvieron el mismo optimismo y las mismas ganas durante todo el año, en vez de solo preservar estas ganas al principio.

Nada es lejano a la realidad, si nos comprometemos mental y físicamente para lograrlo. Esto es lo que hace a una meta ‘sostenible’, el equivalente a las ganas, el esfuerzo, optimismo y valor que le ponemos para lograrlo. Si no estamos comprometidos con una meta, entonces no será sostenible. Si no creemos que esa meta es posible para nosotros, entonces no será sostenible. Por eso es igual de importante tanto el compromiso físico como mental que le pongamos.

Lo primero que debemos hacer en el proceso de cumplir nuestras metas, es reconocer específicamente qué es lo que queremos lograr, y escribirlo. Trazar en un papel de forma específica lo que queremos tiene un poder de fondo muy trascendental. Aun más, si es que lo escribimos desde un espacio de agradecimiento, como si ya lo tuviéramos. Por ejemplo, “estoy muy agradecida porque este año finalmente logré comprarme un Fiat 500, que era el carro que tanto quería. La mejor parte fue que gracias a que logré ahorrar, di una entrada muy significativa y ahora lo terminaré de pagar en únicamente un año”. La meta puede ser comprarse un carro, pero la forma tan específica en que se lo está escribiendo, incluso mostrando la manera en que se logró, es lo que hace la meta más sostenible. Porque ahora conozco de qué forma lo voy a lograr, y a partir de eso qué tendré que hacer para lograrlo.

El segundo paso, que llega a ser clave para alcanzar el propósito que tengamos, es planificarlo. Lo más importante en este proceso, es hacerlo de manera muy específica. Un método que utilizan muchas empresas para su planificación anual, es desglosarlo en planificación trimestral. De esa manera, nos enfrentamos con pasos más pequeños y viables. Por ejemplo, si se trata del mismo carro, la planificación del primer trimestre de este año puede consistir en trabajar más horas para poder destinar ahorros, y lograr tener los recursos suficientes para el 30% de la entrada del carro. Claro que eso requiere cavar más al fondo, ¿qué puedo empezar a hacer para ganar menos dinero? ¿qué puedo dejar de hacer para tener más flujo de efectivo? ¿cómo puedo optimizar gastos? Las preguntas son clave para esta parte del proceso, que será continua y requerirá de constante prueba y error. Justamente para eso también servirá la planificación trimestral, para observar con perspectiva qué puedo hacer mejor el siguiente trimestre.

Por último, hay ciertas herramientas que también podemos aplicar para este proceso. Tales son la visualización y la verbalización. La visualización consiste mucho en lo que se aplicó en el primer paso, y es dar por hecho que ya tenemos lo que queremos. Si queremos visualizar la meta presentada; podríamos imaginarnos qué viajes haríamos con ese carro, qué color fuera, cómo se vería parqueado en el garaje, en general de qué manera lo utilizaría. Por otro lado, verbalizar implica repetir en voz alta el propósito día a día, por la mañana y por la noche. De esa manera nos estamos acercando, para crear nuestra propia realidad. Cada meta que tengamos planteada está muy ligada en cómo nos sentimos al respecto. Tenemos que convencernos y creernos merecedores de eso que está por llegar, pues el trabajo interno es igual de importante que el trabajo externo.

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