Autocompasión vs. autoestima

El otro día mi psicóloga me mandó a ver un video que decía cómo la autocompasión puede llegar a tener un impacto mucho más positivo en nosotros, que la autocrítica. Yo no concebía esto hasta que luego lo empecé a analizar más a profundidad. El tema recae mucho sobre nuestra voz interior, y el darnos cuenta cómo y de qué manera nos estamos hablando a nosotros mismos. Nuestra voz interior es lo más importante que tenemos, pues tenerla de aliada es nuestra mejor arma para la superación. La clave es que esta voz interior sepa ser autocompasiva.

Y esto se debe a que muchas veces, la autoestima puede basarse en aspectos muy puntuales. En el logro, en el éxito, en el verse bien, en el sentirse bien por haber logrado metas y haber concretado objetivos. Sin embargo, cuando no estamos en ese ritmo entra la voz de la autocrítica: el por qué no estamos haciendo, el por qué no estamos logrando, el por qué no estamos poniendo nuestro máximo esfuerzo. Es ahí cuando la autoestima puede fallar. He aprendido que esta voz crítica es muy contraproducente y solo ahonda más ese estado de autocrítica. Sin embargo, hay que darle cabida a la autocompasión para que nos salve.

En lugar de castigarnos a nosotros mismos por el quizá no alcanzar los objetivos que duramente nos ponemos, no lograr haber hecho todo lo planeado en el día, no hacer ejercicio como se había planeado, no trabajar tanto como se había planeado, se debe practicar la autocompasión. El saber cuándo parar, perdonarnos a nosotros mismos por ser tan duros y más bien celebrar nuestras pequeñas victorias, en vez de sumar tantos esfuerzos en sentir decepción y vergüenza de nosotros mismos.

Muchos estamos programados así. En el ponernos mucho peso encima y cuando no sentimos la fuerza suficiente para lograr todo, nuestra autoestima se debilita. Por el único hecho de que no estamos alcanzando lo planeado. Y es que cuando hacemos nuestra autoestima directamente proporcional a nuestros logros, es ahí cuando puede llegar a ser muy frágil. Pueden haber días, semanas, meses en los que no se está en sintonía con nosotros mismos y nuestros propósitos. Y está bien si no podemos dar ese 100%, siempre y cuando sepamos regular nuestra autocompasión con nuestra autoestima. Pues ambos trabajan juntos, son igual de importantes: cuando nuestra autoestima se debilita, entra la autocompasión y hace protagonismo.

Esta voz crítica puede realmente ser muy problemática si no se sabe regular. Hay que saber reemplazar esta voz crítica con la autocompasión. Empezar a ser más agradecido con uno mismo y saber apreciar el trabajo propio. Se trata de desaprender viejos hábitos: si es que estamos muy cansados en la noche y debemos seguir trabajando, parar y reconocernos a nosotros mismos que hemos trabajado bastante, pero que se puede seguir mañana. Así como la autoestima se trata de construir respeto hacia nosotros mismos, la compasión se trata de saber darnos un margen de error para equivocarnos.

Por supuesto que ambos van de la mano y hay que saber regular a ambos, para no caer en extremos. La clave está en tener tal compromiso con nosotros mismos y nuestras metas, que sepamos perfectamente cuándo y cómo darnos el tiempo de ser autocompasivos, como producto de la construcción (o intento de) de un autoestima sólida, que no dependa totalmente de nuestras metas y logros.

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