¿Cómo conformarse con lo que se tiene sin ser conformista?

Conformidad vs. conformismo

En términos generales, la conformidad es adaptativa y necesaria, mientras que el conformismo es una forma de conformidad excesiva que nos arrebata la individualidad y la capacidad de hacer cambios. Es decir, conformarse es necesario para aceptar nuestra realidad y para convivir en sociedad, pues fomenta el hecho de que sigamos normas fundamentales y sintamos pertenecer a un grupo. Así, reconocemos que somos parte de algo más complejo y relevante que nosotros mismos, pero también estamos conscientes de que hay deficiencias en nuestra vida y en nuestro entorno, e incluso normas que quizás es mejor no acatar.

En cambio, el conformismo consiste en llevar la conformidad al extremo y caer en cierto estado de nihilismo, de desesperanza crónica. En otras palabras, el conformismo es adaptarse o conformarse demasiado con nuestra realidad individual, al igual que con las normas sociales. Por lo tanto, es una forma de resignarse a una realidad que, aunque puede llegar a ser deficiente, abrumadora o desagradable, estamos ilusoriamente convencidos de que no podemos hacer nada para cambiarla.

¿Cómo y cuándo conformarse con lo que se tiene?

Últimamente me he dado cuenta de que casi siempre que escribo sobre una problemática social sigo el mismo proceso: describo ambos extremos y propongo un balance, un punto medio que incorpore lo mejor de cada bando. Estoy consciente de que es algo simplista y, evidentemente, no siempre conlleva a una solución adecuada. Pero hoy reitero aquella fórmula de caminar en la frontera entre el orden y el caos, entre la desesperanza absoluta y el optimismo ilusorio. Por ejemplo, en el ámbito social no nos sentimos conformes al ser demasiado distintos a los demás, pero tampoco queremos conformarnos con hacer lo que todos hacen, con ser iguales al resto. El punto medio, en aquel caso, consiste en actuar de formas que conserven nuestra personalidad o nuestro carácter único, pero sin perder el sentido de pertenencia social y de cooperación con los demás.

En nuestra vida personal, similarmente, conformarnos con absolutamente todo lo que tenemos (y lo que somos) puede llegar a constituir un extremo mediocre, pues siempre hay cosas que mejorar y diversos objetivos valiosos que conseguir. Esto es evidente. Sin embargo, el extremo opuesto consiste en sufrir constantemente por la necesidad obsesiva de un mejor futuro, enfocarse únicamente en las carencias y quizás no aceptar todo lo bueno que ya se ha conseguido. Así, se puede caer en un círculo vicioso en el cual, sin importar cuánto nos esforcemos por ser mejores o por mejorar nuestro entorno, nunca nada es ni será suficiente. Inconformidades patológicas, las llamaremos.

Entonces, creer que no tenemos los suficiente, que no somos lo suficiente adecuados o que nuestro país no funciona como debería funcionar en el ámbito político-social, puede ser tan peligroso como proactivo. Como sugerí antes, en ocasiones podemos decidir, por ejemplo, no adherirnos a ciertas pautas o normas sociales que consideramos dañinas, quizás con el propósito de generar un cambio o únicamente para demostrar nuestra incomformidad al respecto. Del mismo modo, podemos optar por no conformarnos con todo lo que tenemos y lo que somos porque sabemos que podemos mejorar. Aquella inconformidad, que la catalogo como inconformidad sana o proactiva, es impulsada por la resiliencia y puede conllevar a cambios significativamente positivos, pues constituye una poderosa fuente de motivación hacia tomar acción y buscar soluciones. Considero que somos capaces de potenciar aquellos cambios desde nuestra vida personal hacia impactos sociales de mayor escala. 

Para terminar, vale la pena recordar el hecho de que algunas de las catástrofes más atroces de la historia, como el Holocausto y el genocidio comunista en la Unión Soviética, se perpetuaron por el conformismo masivo ante una realidad evidentemente perversa que pedía a gritos el surgimiento de individuos resilientes, proactivos: personas `sanamente conformes´. 

“El mal no es solo el producto de personas malvadas en un mundo bueno, sino también de situaciones pujantes que inducen a la gente a conformarse con falsedades o capitular ante la crueldad” – David Myers

Para leer más artículos de Juan Martín selecciona el siguiente enlace: https://jmnaranjo.com/blog/como-conformarse-con-lo-que-se-tiene-sin-ser-conformistas/

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