Altruismo eficaz: maximizar el bien común

Me pregunto cuántos de nosotros somos verdaderamente altruistas. Tras la temporada navideña, una época para compartir y ser generosos, busco en Google el significado exacto de la palabra ‘altruismo’ y encuentro lo siguiente: “tendencia a procurar el bien de las personas de manera desinteresada, incluso a costa del interés propio”. Pienso en esto porque la anterior semana escuché en el podcast de Sam Harris, filósofo y neurocientífico contemporáneo, acerca del altruismo eficaz. Se trata, más que de un simple movimiento filosófico y una forma de vida, de un área de estudios rigurosos que utiliza evidencia objetiva y un meticuloso razonamiento para determinar cómo hacer el mayor bien posible mediante la acción individual. Un altruista eficaz, entonces, intenta maximizar el impacto positivo de sus acciones.

En resumen, el altruismo eficaz consiste en utilizar un fragmento de nuestro tiempo, dinero y habilidades para hacer una o más de las siguientes cosas:

  • Salvar la mayor cantidad de vidas.
  • Reducir la mayor cantidad de sufrimiento en el mundo.
  • Mitigar al máximo riesgos de muerte o sufrimiento futuro en las personas.

Se trata, entonces, de responder la siguiente pregunta: ¿cómo podemos usar nuestros recursos individuales para ayudar al máximo a otras personas y al mundo? Sin embargo, como se indica en la página web del altruismo eficaz, cualquier respuesta a aquella pregunta es inútil si no actuamos, si no empezamos a ser verdaderamente generosos con nuestros recursos para hacer el mayor bien posible en el mundo.

Por lo tanto, convertirnos en altruistas eficaces no consiste en desprendernos de todo lo que tenemos. El altruismo eficaz tampoco sugiere necesariamente que todo aquello que nos sobra debe ser donado a quienes más lo necesitan. Se trata de enfocarse en uno o más problemas del mundo, considerar la forma más efectiva de solucionarlo con los recursos que disponemos (por ejemplo, apoyar a organizaciones caritativas que sabemos que son realmente efectivas; una herramienta útil para determinar esto es www.givewell.org), y persuadir a otras personas a seguir un proceso similar. Para inspirar a otros a ser más altruistas quizás debemos cambiar aquella mentalidad de ser generosos encubiertos, en secreto; de no contar a nadie sobre nuestros actos altruistas para evitar alardes.

Es fundamental recordar que cada persona puede causar un impacto de diversa magnitud según sus posibilidades económicas y sus prioridades. No es necesario, evidentemente, dejar nuestra carrera ni emplear la totalidad de nuestro tiempo libre en tratar de causar el mayor impacto positivo posible en el mundo. Sin embargo, creo que es importante cuestionar la siguiente idea que muchos tienen ante el altruismo: “yo me he ganado todo lo que tengo, no le debo nada a nadie; los demás deben hacer lo mismo”. Creo que para ayudar a solucionar los problemas del mundo es irrelevante el hecho de haber ganado nuestro dinero de forma honesta y esforzada, pues esto no libera a nadie de las obligaciones morales más básicas. Es más, quizás aquellas personas tienen una responsabilidad aun mayor debido a los vastos recursos económicos que poseen para cambiar el mundo.

Como indica Beth Barnes en su charla TED sobre el altruismo efectivo, se ha comprobado que si el top 10% de personas ricas en el mundo estuviesen dispuestos a donar el 10% de sus ingresos cada año (esto equivaldría a aproximadamente 4 trillones de dólares al año) a organizaciones caritativas efectivas, se podría erradicar la pobreza global en dos décadas utilizando tan solo el 5% de aquellos 4 trillones (175 billones de dólares). Se ha estimado también que con aquel monto anual se podría eliminar en tan solo un año la pobreza extrema y la hambruna, erradicar todas las enfermedades tropicales desatendidas, triplicar las investigaciones médicas, brindar a todo el mundo educación secundaria, salvar de forma permanente todas las selvas del planeta, mitigar considerablemente el cambio climático, financiar un renacimiento artístico inconcebible y, con el dinero restante, financiar varias misiones tripuladas hacia Marte. Todo esto en solo el primer año.

Pero ¿cómo podemos hacer esto posible? No necesariamente es indispensable que todos los ricos donen el 10% de sus ingresos (aunque muchas personas, afortunadamente, ya han adquirido esta costumbre); quizás basta con que todos nosotros demos un poco más de acuerdo con nuestras posibilidades y de la forma más efectiva posible. Es importante recordar que el altruismo eficaz no consiste únicamente en donar una porción de nuestro dinero, sino también en utilizar un fragmento de nuestro tiempo y de las habilidades que cada uno posee para maximizar el bienestar de nuestro planeta y sus habitantes. La evidencia también sugiere que donar nuestro dinero a quienes más lo necesitan nos hace más felices que gastarlo en nosotros mismos.

En definitiva, independientemente de nuestras posibilidades económicas y motivaciones individuales, considero fundamental reconocer que muchos de nosotros tenemos cosas que no necesitamos. Quizás existen gastos mensuales innecesarios, quizás podríamos vivir con menos sin dejar de estar cómodos, sanos y sin riesgos inminentes. De ser así, no deberíamos tener excusa alguna para no convertirnos en altruistas eficaces.

Libro recomendado: The Most Good You Can Do, de Peter Singer – https://amzn.to/2JSj7gn

Para leer este y más artículos de Juan Martín Naranjo visita el siguiente link https://jmnaranjo.com/blog/altruismo-eficaz-maximizar-el-bien-comun/

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