El dióxido de cloro: mortalidad por falta de discurso político

Con el surgimiento de la pandemia se ha popularizado el uso del dióxido de cloro como posible cura ‘milagrosa’. Sin embargo, lo cierto es que este químico se lleva vendiendo a nivel médico ya hace mucho tiempo como posible remedio para la malaria, la diabetes, el asma, el autismo e incluso el cáncer. Es decir, con la pandemia del COVID-19 solo ha vuelto a aparecer. A pesar de que ninguna institución sanitaria oficial lo reconoce como medicamento efectivo, se ha vuelto muy popular para la lucha del coronavirus. Pioneros de este producto han dado espacio a popularizar este desinfectante, y eso ha dado cabida para que dentro del Ecuador se aplique a enfermos de COVID19 de manera usual. En Ecuador, la propagación ha sido grave. No obstante, es responsabilidad de instituciones oficiales y con poder discursivo el advertir a las personas lo letal que el dióxido de cloro puede ser para la salud.

Paúl Cárdenas, profesor del Instituto de Microbiología de la USFQ y PhD en Genómica Microbiana, advierte que la ingesta de dióxido de cloro puede incluso llegar a ser mortal. Los componentes del dióxido de cloro son letales, Cárdenas cuenta que “las moléculas, sobre todo del cloro cuando se oxida, producen lesiones en las células”. “Las diferentes reacciones y oxidaciones que se producen en el cuerpo cuando el dióxido de cloro entra en contacto con el acido clorhídrico, terminan matando a las células. Peor aún si la sangre lo llega a absorber: puede afectar los riñones el hígado, e incluso el esófago”. A pesar de que existen estudios que efectivamente comprueban lo dañino que es el dióxido de cloro, muchos países subdesarrollados han optado por aplicarlo, como una medida desesperada. En la ciudad de Guayaquil se realizó un estudio por profesionales de medicina, donde habrían supuestamente comprobado su efectividad. No obstante, Cárdenas menciona que no es de fiarse debido a que dicho estudio no cumple con las normas bioéticas del país. Además, tampoco existe una prueba contundente de que hayan sanado. Enrique Terán, profesor de la USFQ y especialista en farmacología, mencionó durante una Comisión de Fiscalización que en cuanto a los testimonios de personas que han usado el producto, “bajo ningún concepto lo convierte en ciencia y mucho menos en extrapolación”. Durante esta Comisión, los expertos presentes coincidieron en calificar de fraude a este estudio.

Andreas Ludwig Kalcker participó en una sesión de la Comisión de Fiscalización de la Asamblea Nacional el 9 de julio. Foto: VISTAZO

Andreas Ludwig Kalcker, pionero alemán del uso de este componente, participó el pasado 9 de julio en la Comisión de Fiscalización de la Asamblea Nacional. Su objetivo fue la promoción del dióxido de cloro al Ministerio de Salud Pública del Ecuador. Quien también se presentó como apoyo fueron representantes de la Asociación de Expertos en Medicina Integrativa (AEMEMI). Ellos aseguran que son especializados en ‘medicina alternativa’ que tiene que ver con la acupuntura, flores de bach, ayurveda, homeopatía, etc. En otras palabras, tratamientos sin evidencia científica. De todos modos, esto llega a ser contradictorio para la promoción del dióxido de cloro. Cárdenas asegura que, los componentes de este producto carecen de un origen natural, y tienen una alta carga química.

La evidencia científica fue expuesta en la Comisión de Fiscalización. Foto: Edición Médica EC

Con la suma de estos hechos, queda claro que la desesperación y la desinformación ha sido mortal para esta situación. Si bien es cierto existen profesionales de la salud que vagamente apoyan este producto, a pesar de que los estudios y los hechos digan lo contrario. No solo han sido la desesperación y la desinformación factores dañinos para que sucedan estos escenarios, sino la falta del discurso político que han hecho tanto daño. Es deber de autoridades competentes e instituciones capacitadas el pronunciarse en contra de esta práctica. No solo deben pronunciarse al respecto, sino antes informarse debidamente para poder hablar de manera coherente. Y la presencia de la academia puede ser clave para que se den esos resultados. Solo a través de la educación, las personas tomarán consciencia. Si bien el Ministerio de Salud Pública y la Agencia Nacional de Regulación, Control y Vigilancia Sanitaria (ARCSA) se han pronunciado ya, las campañas en contra de esto deben seguir insistiendo al respecto. Las instituciones ecuatorianas deben asumir la responsabilidad de sumar peso en contra de la ingesta de esta sustancia.

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