Mujeres en Galápagos: problemáticas, representatividad y liderazgo

Deconstruir la idea romántica de las Islas Galápagos como un paraíso puede ser complicado. Este territorio, donde la flora y fauna endémica atrae a un promedio de 200,000 turistas al año, según el Ministerio del Ambiente, no solo luce como el edén sino que parece ser seguro y libre de delincuencia. Sin embargo, las islas reportan un alto índice de violencia género que, según Norman Wray, titular del Consejo de Gobierno del Régimen Especial de Galápagos (CGREG), adquiere dinámicas muy particulares por la distribución geográfica y territorial del lugar, además de la entrada de gente del continente, cuyos hábitos chocan con los de los lugareños.
Norman Wray, titular del Consejo de Gobierno del Régimen Especial de Galápagos (CGREG), Imagen: USFQ

“El trabajo es radicalmente distinto en la isla que en el continente”, dice Wray, debido a que el tejido social se construye en función a la corta extensión territorial y al evidente aislamiento. “En Quito o Guayaquil, por ejemplo, optarías por alejarte; en Galápagos, ves a tu agresor todos los días, en las mismas tiendas, calles y playas”. Para la erradicación de la violencia de género y la creación de espacios seguros para las mujeres que habitan la isla, el trabajo de generación de política pública debe ser particular, correspondiente a las necesidades de los habitantes.

Para llegar a resultados concretos, Wray afirma el CGREG, en alianza con la USFQ, ha cumplido el primer paso: la investigación y el levantamiento de información. En diciembre de 2019, metodologías cuantitativas y cualitativas se llevaron a cabo en una jornada de aproximadamente tres semanas. María Amelia Viteri, antropóloga y docente de la USFQ estuvo a cargo. Las asistentes de investigación fueron Alegría Tosi y Emilia Fierro. Los encuestadores fueron Alberto Lema Casa, Alejandro Peña Bucheli, Karen Flores, Sebastián López, Salenka Chinchín, Ximena Quinzo, Sebastián Jurado, Isabel Iturralde, Daniela del Rocío, Lola Chauvin y Nicolás Dabe. La mayoría son alumni de la USFQ.

Los resultados de la investigación, interpretados por María Amelia Viteri, arrojan las siguientes problemáticas: violencias estructurales; violencias distintas para hombres y para mujeres, con distintos actantes y consecuencias; poca o ninguna educación sexual; prioridad para los casos de violencia contra flora y fauna por sobre los casos de violencia de género; altos índices de embarazo adolescente, ausencia de proyectos de vida trazados por la población más jóven; complejos tejidos sociales, familiares y afectivos que, sin quererlo, crean impunidad; islas libres de delincuencia, pero donde la violencia de género es un secreto a voces. Además, la investigación sugiere la necesidad de impulsar una convivencia armoniosa y pacífica entre personas, flora y fauna; generar campañas de concientización, con talleres de escuela para padres y escuela para maestros, separadas de tabúes y conceptos moralistas; fortalecer espacios de prevención y atención en casos de violencia.

En este contexto, Norman Wray cree que cambiar la dinámica de los puestos de poder puede ser otro paso. Habilitar esos espacios para las liderezas del lugar visibiliza sus actividades y necesidades, pero sobre todo, vuelve más fuertes sus voces. Procesos que impulsen la independencia económica de las mujeres, la educación sexual, reproductiva y familiar, la concepción del cuerpo como primer territorio digno y propio, y la prevención de las violencias en niños, niñas y jóvenes, son claves para no re-victimizar a quienes han atravesado situaciones complejas. Por esto, el Consejo de Gobierno del Régimen Especial de Galápagos impulsa el empoderamiento de mujeres liderezas que, desde sus espacios de representatividad, rompen a diario nexos de violencia y proponen espacios seguros para sus pares.

María Amelia Viteri presentando a grupo de mujeres. Imagen: USFQ

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