Pero primero, déjame tomar una selfie


 

 Por: Ana Cristina Espinosa
Periodista graduada en la USFQ

Recuerdo cuando salieron los celulares con cámara. ¡Eran la sensación! Yo tendría unos 14 años y no paraba de asombrarme. Luego llegaron con cámara delantera y de a poco ha surgido un síndrome viral que ha contagiado a todos en algún momento. Hablo de las famosas selfies.

Si bien, el autorretrato ha existido por siglos, creo que no hemos visto tantas selfies como ahora. Abro mis redes, están en todas partes, cada una con su estilo. Las famosas poses con cara de pato o un paisaje acompañada de frases y hashtags. Aparece el término “selfitis”, desorden mental que surge cuando alguien es adicto a esta práctica.

Confieso, yo también he sido parte de este círculo vicioso. Quizás te sientas identificad@ conmigo. Te tomas 300 fotos y sacas la que te esconda la papada y resalta tus mejores cualidades. Cada vez hay más herramientas para mejorarlas. Quieres disimular esa arruga o manchas: ¡gracias filtros! Quieres borrar esa imperfección corporal: ¡gracias Photoshop! Prendes la ‘alerta roja’ al revisar las fotos donde apareces: en una foto grupal, automáticamente te buscas. Si todos salen bien pero tú pareces un zombie, tomarás cualquier medida por que esa foto desaparezca de la faz de la tierra. Yo me pregunto, ¿de dónde sale esa obsesión por esconder las imperfecciones?

Me doy cuenta que ahora necesitamos sentirnos amados, valorados y aceptados. Tanto que nos olvidamos lo que damos hacia los demás. Nos unimos al club FOMO (Miedo a Perderse de Algo, en español). No ataco a las redes, claro que puedes sacar tu mejor versión, incluso hacer de ellas un negocio. Pero hay una línea delgada entre una autoimagen correcta y una obsesión narcisista y egoísta para protegerte del rechazo, del fracaso y basar tu validación en likes y seguidores. ¿Nos estamos convirtiendo en una sociedad selfie? Quisiera pensar que no. Quisiera ver nuestra mejor versión real antes de la digital. La buena noticia es que es más fácil de lo que parece: todo está al alcance de un click.

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