EDOC14: Tempestad en los Andes

Una entrevista a Flor Gonzales, protagonista del documental proyectado en el Festival EDOC14, Tempestad en los Andes, del director Mikael Wistrom.

Perú, 1980. Las líneas revolucionarias de Sendero Luminoso se infiltraron en las poblaciones campesinas, donde perpetraron torturas, ejecuciones y violaciones a título de una lucha popular. Años después, la violencia alcanzó a la ciudad capital, donde la presencia senderista se manifestó con numerosos ataques a la población civil, que dejó igualmente desenlaces fatídicos. El ejército peruano, con el objetivo de liquidar el movimiento guerrillero, eliminó a senderistas, presuntos militantes e inocentes marcados por la sospecha y el estigma comunista. En medio de este cruce de fuego y las incongruencias de la guerrilla, la lucha nacional facturó 69,280 víctimas en las últimas dos décadas del siglo XX, según registran los informes oficiales de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR), cuyo presidente calificó a esta tragedia “como una obra de seres humanos, padecida por seres humanos”.

Este es el capítulo de la historia peruana que unió dos vidas aparentemente opuestas años más tarde en el documental “Tempestad en los Andes”, que pretende explorar las partes no contadas de este episodio.

Flor Gonzales Barbarán, de 36 años, es una de las protagonistas de esta historia. Es docente de una escuela en Perú, pero también es hija de un dirigente campesino de la sierra central, una desplazada por la violencia que proliferó en el campo y hermana de un estudiante desaparecido hace 29 años en el conflicto, Claudio Gonzales Barbarán. Él fue estudiante de literatura en la Universidad La Cantuta en Perú, poeta, con convicciones de izquierda y fue asesinado en junio de 1986 en el penal El Frontón tras un montín; evento que convirtió a Flor en una férrea luchadora por la justicia de este caso.

Esta historia se entrelaza con la de Josefin Eckermann, una muchacha sueca de 27 años, que emprende un viaje de descubrimiento a Perú en el 2011 gracias a la producción de este documental, en el que también es protagonista. Es hija de un peruano radicado en Suecia y sobrina de la ayacuchana Augusta La Torre, primera esposa de Abimael Guzmán, gestor y líder del movimiento Sendero Luminoso en Perú. Por muchos años, Josefin creció en su natal Suecia con una versión mitificada del conflicto y los ideales senderistas, pero la inquietud por conocer la verdad la condujo a pueblos y ciudades del Perú, entrevistas, archivos, y un desafiante recorrido emocional en el que conoció a Flor.

¿Cuáles fueron los motivos por los que decidió ahondar públicamente en una historia tan sensible para el Perú y para usted?

Todo parte de una invitación de Mikael [director], porque nosotros en sí nunca buscamos participar en un documental (…) Queremos darle conocer al mundo entero que ocurrieron cosas terribles en Perú, tragedias como en el caso de mi familia (…) No hay justicia. Lo que impera es la impunidad, impera el olvido, impera la indiferencia en nuestra misma sociedad. Por esto decidimos participar y decir: ¿Saben qué? Las heridas no están cerradas. Las heridas están abiertas, así pase mucho tiempo y seguirán así mientras no haya justicia.

En el video usted se muestra distante a Josefin y ella, incluso, menciona que quizá usted hubiera preferido no conocerla nunca. Después de esta producción, ¿cómo ha cambiado su relación con Josefin y sus ideas sobre la familia de ella?

Mi idea sobre su familia no ha cambiado. Yo siento que ellos, específicamente la tía –aunque está muerta– fue partícipe directa de todo este proceso de violencia. Si hablamos de la organización de Sendero, la cabeza era Abimael y la segunda en mando era ella. Entonces obviamente es responsable. Otros de los hermanos buscaron refugio, huyeron y no regresaron, como el caso del papá [de Josefin]. Entonces, ellos no pueden tener una opinión de Perú, de lo que hicieron, de lo que hizo su hermana [Augusta], porque no lo han vivido y ese es el caso de Josefin. Josefin no vivió esta situación, estaba súper protegida.

Ahora, el porqué de mi distanciamiento con ella, porque precisamente somos de dos mundos totalmente distintos (…) Yo a ella no la considero culpable. En primer lugar ella no tiene nada que ver en esto, simplemente se atrevió a conocer la verdad. Esto también fue como sacarse las vendas, porque a ella le contaron un cuento y ese cuento no era verdad.

¿Cómo fue para usted y su familia recapitular y revivir la desaparición de Claudio con esta investigación?

Yo a Claudio lo vi por última vez sentado mirando al mar, pero lo miraba con una profunda tristeza. Tener ese recuerdo es terrible. Es una imagen que me va a perseguir de por vida. Para mí fue difícil toda esta investigación, conversar con los presos. Los testimonios son terribles y yo digo: ¿Tan cruel puede ser un ser humano con su semejante? ¿Alguien que nació de una mujer puede cometer tantas atrocidades contra otra persona? Eso no se hace.

No hay que olvidar que hay 15 000 desaparecidos, que hay 70 000 víctimas esperando justicia, según cifras oficiales [Comisión de la verdad y Reconciliación], porque las extras no sabemos.

Mi mamá tenía una pequeña esperanza de que Claudio estuviese vivo. Una pequeña esperanza de que repente logró salvarse y está por ahí, loquito; y cuando le dije: “No mamá. Claudio no salió de ahí vivo”, fue terrible hacerle entender. Aun así, la esperanza está ahí, a menos que nos devuelvan sus restos para poder darle fin a este proceso.

Pero, todo este proceso fue como para decir: “ahí está”. Hay un momento en que tienes que darle cierre a esto y yo creo que este documental también sirve para eso.

Desde entonces, la vida de la familia Gonzales, como miles de otras, estuvieron marcadas por un eterno duelo, la esperanza, y la lucha por reivindicaciones legales y morales. Tras varios años de investigaciones y trámites ante tribunales de justicia, Flor finalmente consiguió un certificado que exime a Claudio del estatus de terrorista, y lo califica como víctima del conflicto armado. La familia, sin embargo, espera todavía que las autoridades militares sean condenadas por abrir fuego sin distinción contra los presos.

A través del documental hemos visto hechos sanguinarios perpetuados por los Senderistas, ¿cree que éstos se justifican por un ideal de “justicia social” que pretendían alcanzar?

Alguna vez me dijeron: “¿Sabes qué? Las revoluciones cuestan vidas.” ¿Pero vidas de quiénes? Yo sé que en algunas situaciones para alcanzar grandes cambios sociales tienen que haber víctimas, pero ¿quiénes son las víctimas?

¿Cuál es su parecer sobre la familia de Josefin?

Yo creo que sus ideales en un principio no han sido malos. Al contrario, han sido ideales que buscaban que todos tuvieran las mismas oportunidades. El problema es la forma, se podría decir, y ver contra quién atacó Sendero en un principio: los campesinos. Matar a una mamá delante de sus hijos y delante del esposo…Eso no es justicia eso es cualquier otra cosa. esa no era la forma de luchar (…) Esos militantes cometían atrocidades contra los campesinos y los campesinos entran en medio de dos fuegos, en medio del Estado y Sendero.

Eso es lo que pasaba, era una violación sistemática de los derechos humanos, tanto por parte de Sendero como del Estado. Ellos fueron crudos, crueles y Claudio fue simplemente uno más de tantos. Y por último si eran culpables, merecían ir a un juicio. No tenían porqué asesinarlos y peor no tenían por qué ensañarse con sus cuerpos (…)

“Abimael y tu tía Augusta comenzaron la guerra que mató a mi hermano”. Con esa imputación de Flor, Josefin supo del peso histórico y humano de los combates que desencadenó Abimael junto a su tía. Pues, ese caso puntual, la muerte de este ser humano, constituyó una ventana para conocer detalladamente sobre las décadas sembradas de violencia y terror.

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¿Por qué considera usted que Sendero cometió estas atrocidades con un grupo vulnerable, como los campesinos, al que supuestamente pensaba ayudar y reivindicar sus derechos en nombre de la “justicia social”? ¿Por qué sobre ellos?

Esa es la pregunta que te tendría que responder Abimael, ¿por qué sobre los campesinos? (…) Como Sendero no estaba bien organizado necesitaba gente en la milicia. Les dieron las armas a los campesinos y en esos casos se vieron con el poder de tomar la vida de personas. Algunos de esos que formaban parte de la milicia, antes eran ladrones, asesinos, y supuestamente Sendero luchaba contra ellos.

También se presentaba esta situación: habían mandos en cada comunidad campesina cuando Sendero ya estaba ahí. Si había envidias, problemas de tierra o problemas de cualquier situación, el campesino se quejaba con el mando de la otra persona con la que tenía el problema y sin preguntar e investigar, el mando tomaba la justicia por sus manos. En un principio le calateaban [desnudaban], le cortaban el pelo, en otra oportunidad ya lo mataban a pedradas.

¿Por qué considera usted que el gobierno de turno no tomó medidas lo suficientemente enérgicas contra Sendero al inicio de su revolución en 1980?

Hablamos de Belaúnde. No sabía lo que sucedía en el campo y era una persona que quería solucionar las cosas de una forma pacífica; qué sé yo. No se daba cuenta del peligro. Cuando ya las cosas se salieron de control reaccionaron, pero de la peor forma. Como el gobierno de Belaúnde era un gobierno democrático, tampoco trataba de matar a todititos.

¿Esta actitud tiene que ver con la transición de la dictadura a la democracia en Perú?

Claro. Lamentablemente Belaúnde no afrontó como se debía, o sea de ir a donde el campesino, ir al campo y ver qué está sucediendo. Dejó que las cosas pasen hasta que llegó un punto en que todo explosionó. A la misma sociedad limeña no le importaba lo que sucedía, ellos recién despertaron con los coche-bombas y el ataque en Tarata [calle del barrio Miraflores en Lima], porque las víctimas fueron los ricos. Antes de eso ya hubo masacres, desapariciones, asesinatos y nadie dijo nada. ¿Acaso ellos no valían tanto como las víctimas de Tarata? Claro, lo de Tarata también fue horrible, pero recién ahí ellos se dieron cuenta de lo que sucedía.

Luego de observar el documental quedó una interrogante sobre las razones por las que no se incluyeron fuentes del ejército, cuando ellos también fueron partícipes en este capítulo de la historia peruana.

Porque ellos tienen ya bastante gente quien los defienda. Los militares tienen gente que les defiende y tienen mejor defensa que todos nosotros: ¿Quiénes? El mismo Estado. En este documental se trata de ver por aquellos que no tienen voz, porque los militares sí la tienen. Los otros no tenemos, o no se nos permite. Por eso es que no se buscó la otra parte. Se intentó en un principio, pero después se dijo: no.

¿Cuáles son las proyecciones a futuro con esta producción?

La justicia. Mi frase es: NI OLVIDO NI PERDÓN. Espero que los culpables de todo esto paguen (…) Hay que tener en cuenta que cuando ocurre este genocidio [penales Frontón y Lurigancho], cuando los presos se amotinan fue por órdenes directas de su líder, o sea Abimael; y él sabía que ellos no iban a salir con vida, pero aún así él dio la orden porque buscaba sus héroes. Y Alan García buscaba muertos, sembrar terror y miedo. Cuando se ataca a alguien de forma tan cruel es para que esto sirva de experiencia, para que el resto no se involucre y eso es lo que ocurrió en los penales.

Claudio para nosotros es una luz, una guía, un camino que él trazó… Este documental es un sueño cumplido de él. Su sueño era salir, ser alguien reconocido, quería ser escritor. Él decía: “Mamá, ¡yo voy a viajar! ¡Yo te voy a comprar una casa!” No se pudo, pero con este documental al menos su deseo de salir, se cumple; que la gente sepa que existió un joven de 25 años llamado Claudio.

La necesidad de Josefin y Flor por encontrar otras verdades trazan un relato personal que aproxima al espectador a la historia del Perú. Si bien la óptica del documental, ”Tempestad en los Andes”, ahonda en el perfil de un rostro desaparecido y otros relatos de horror, éstos son un recordatorio de las miles de historias paralelas recopiladas en una cifra, que devela más de veinte años de coacción. Así, esta producción cinematográfica, también es una invitación para reflexionar sobre hechos no muy distantes y diferentes a los acontecidos en Ecuador y otros países de América Latina, en mayor o menor escala; rememorando las consecuencias que los excesos políticos e ideológicos provocan en el ser humano y las sociedades.

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