Por culpa de la carretera

Entre el año 1991 y 1994, Maxus Ecuador Inc. construyó una vía de acceso de 140 km hacia los campos de petróleo que se encuentran dentro del Parque Nacional Yasuní (PNY), al noreste del Ecuador. La compañía petrolera subsidia el transporte a lo largo de la carretera para las comunidades indígenas de la zona y se ha generado un mercado de comercio de carne silvestre.

Aunque la compañía tiene un riguroso control del acceso a esta carretera, los pobladores de las comunidades indígenas pueden circular por la vía libremente. Esto ha provocado grandes cambios en las estructuras sociales de las comunidades indígenas Waorani y Kichwa que viven dentro del PNY.

Las comunidades que habitan en el parque y sus alrededores pertenecen a las nacionalidades Waorani, Kichwa y Shuar, además se encuentran los Pueblos Indígenas en Aislamiento Voluntario (PIAs), asentamientos y asociaciones de colonos mestizos. La mayoría de estas comunidades mantienen la cacería como principal sustento de vida lo cual está permitido, pero cuando se comercializa la carne silvestre se convierte en un acto ilegal. En el Plan de Manejo del Parque Nacional Yasuní se sostiene que “la cacería ilegal está relacionada con la comercialización de carne de monte por parte de las comunidades indígenas para satisfacer la demanda de las poblaciones locales y de las compañías petroleras, y con el tráfico de especies para el mercado generalmente internacional”.

En el I Simposio Nacional de Tráfico de Vida Silvestre en el 2014 en Quito-Ecuador, se proporcionó el dato concluyente de que el tráfico de especies mueve alrededor de 17.000 millones de dólares a nivel global. Existen organizaciones y recursos legales a nivel internacional que respaldan la lucha contra el tráfico ilegal de especies. La página web de la organización CITES (la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres), se describió a sí misma como un acuerdo internacional situado en la intersección entre el comercio, el medio ambiente y el desarrollo, y se la reconoce como el principal instrumento jurídico que apoya los esfuerzos colectivos mundiales.

A pesar de los esfuerzos nacionales e internacionales contra el tráfico y comercio ilegal de vida silvestre existen muchos aspectos a considerar pues cada región tiene diferentes contextos. Anais Córdova, es estudiante de Biología y ha realizado varias visitas e investigaciones en el PNY. Ella sostiene que los indígenas de la Amazonía históricamente han sido cazadores y recolectores. “En particular los Wao son grupos guerreros y cazadores para mantener su alimentación, por lo que el sacar mayor cantidad de carne o de animales y venderlos es fácil para ellos”, afirma Córdova.

Se ignora los problemas que esto puede acarrear, pues la caza de animales silvestres afecta directamente a la biodiversidad de la Amazonía. Paúl Bazante, egresado de Ing. Ambiental de la Universidad San Francisco de Quito, quien ha realizado estudios en la zona, opina que en estos casos muchas veces se piensa que esta cacería no puede llegar a tener ningún efecto. “Si se cazan dos o tres animales no pasa nada porque están acostumbrados a ver tan altas poblaciones que se piensa que su actividad de cacería no va a afectar a estas poblaciones y solamente empiezan a comprender cuando ven sus efectos y las poblaciones de animales están reducidas al mínimo”, dice Bazante.

En un estudio realizado por PhD. Esteban Suárez et al. (2009), profesor de la USFQ y otros investigadores, se recolectó información durante 60 días de mercado entre marzo del 2005 y Mayo del 2007 en Pompeya, cerca del Coca. El mercado opera únicamente los sábados y funciona básicamente como un punto de tránsito donde los comerciantes realizan la transacción de compra-venta de carne de monte o silvestre y la transportan a otras ciudades. En este estudio se menciona que la carne es transportada hacia Pompeya en hielo por medio de buses o camionetas. A lo largo del estudio se reportó un total de 1644 transacciones, que involucraban 11717 kg. de carne y pescado y, se observó al menos 47 especies diferentes: 18 mamíferos, 9 pájaros, 4 reptiles y 16 de pescado.

fotoespecies

El Ing. Bazante también sostiene que una carretera es una alteración a las condiciones naturales. “Al abrir una carretera la caza se vuelve una actividad rentable, se vuelve una de las mejores opciones para el comercio y para obtener recursos económicos. Esto hace que bajen las poblaciones de los animales cazados y se altera el equilibrio pues el momento que se empiezan a cazar individuos juveniles, los ciclos reproductivos cambian”, explica Bazante.

Belén Anchaluisa, ecóloga aplicada y supervisora técnica de EcoFondo, explica que la cacería provoca la declinación de la población hasta que llegue a una extinción de las especies, tanto en flora como fauna, dentro de la zona. Y, no solamente merma una especie, sino que esto afecta a otras especies y a su vez a poblaciones enteras, al equilibrio biológico y finalmente la cadena trófica se destruye.

En un artículo publicado por el diario El Universo, se afirma que aún en el 2013, “en la Amazonía la amenaza para los animales silvestres es visible en los carteles de algunos restaurantes, que ofrecen a los comensales la llamada “carne de monte””.  Paúl Bazante también alega  que para muchas personas parte del turismo de la zona es consumir carne silvestre.

Por otro lado Anais Córdova explica  que también existe el lado medicinal del asunto. Por ejemplo, dentro de la idiosincrasia de ciertas personas  hay la creencia de que alguna carne alivia dolores, la carne de guanta para problemas de úlceras gástricas o cálculos renales, la carne de mono para la infertilidad, la carne de capibara para problemas gástricos, etc. Córdova sugiere que también habría que analizar el hecho de que dentro de nuestra sociedad el comer “cosas extrañas” te da mayor poder o renombre.

 Las áreas protegidas como el PNY son pequeñas islas verdes en donde se pretende resguardad su integridad, sus especies y su belleza. La colonización humana no tiene límites y avanza aún en lugares donde no está permitido. Las carreteras generan colonización humana y también generan efecto de borde, lo que quiere decir que, eventualmente, esta intervención seguirá creciendo y la unidad del área protegida se fragmentará por siempre.

 

Comunicadora ambiental y productora de TV. Amo los animales, los deportes y los pequeños placeres de la vida. Totalmente comprometida con la naturaleza y la igualdad de las personas.

Samantha Garrido
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