Una experiencia de 24 quilates

El resplandor y la belleza del oro ya forma parte de varios menús alrededor del mundo. Bebidas, postres o incluso pizza son algunos de los platillos que se han sumado a la tendencia. Sin embargo, en Ecuador este precioso metal se incorpora en uno de los platos favoritos para compartir entre amigos: las alitas de pollo.

Para el chef mexicano Ángel Fabila la innovación dentro de la gastronomía debe “estar constituida de tres partes”. La primera es la identidad del restaurante, con esto el platillo es lo que la institución quiere transmitir a los comensales. En segundo lugar, la técnica con la que se crea el plato. Es decir, cómo los ingredientes van interactuar entre sí. Por último, el estilo del chef. “La personalidad del mismo será reflejado en su cocina”, cuenta.

Aunque en el menú se presuma la clásica salsa BBQ, la agridulce Honey Mustard o la Jack Daniels, la salsa a base de oro de 24 quilates tienta a cualquiera. “La competencia en el mundo de las alitas es complicado; es necesario innovarse e invitar a nuestros clientes a una experiencia diferente”, explica Alex Badillo, administrador del restaurante The Rib Co. Las láminas de oro comestible son la base de este platillo. Sin embargo, para implementarlo en la salsa se somete a un proceso de triturado.

Las alitas deben estar bañadas bajo la receta de la casa y después freírlas durante varios minutos. El polvo dorado se utiliza para cubrirlas y embellecerlas. Michelle junto a su novio Eduardo encontraron este lugar por recomendación de uno de sus amigos. El primer mordisco los dejó boquiabiertos, no podían encasillar el sabor en uno solo. “He probado muchas salsas en muchos lugares, pero de seguro nunca había conocido un sabor como este”, manifestó Eduardo. 

Muchos pensarían que es un plato costoso por el alto valor adquisitivo del oro; pero el valor adicional a la venta de alitas por libras es de $2.99. “Nuestro target, es no tener un target especifico, todos pueden disfrutarlas por su precio accesible”, explica Badillo. Esto se debe a que todo el proceso ha sido sustentado de una investigación extensa de modelo de negocio y todo es hecho en las cocinas de The Rib Co. El ambiente peculiar junto con la decoración excéntrica fomenta la experiencia disímil.

Tablas de picar cuelgan del techo y el lugar oscuro centra la mirada a cada mesa; las cuales están iluminadas solo por una pequeña lámpara. Esto resalta los colores de la comida. “Aquí esperamos que nuestros clientes se manchen con el oro”, enfatiza Badillo. Los comensales terminan con su boca y sus manos brillantes de un color dorado intenso.  Ese detalle gastronómico que parecía solo ser parte de los restaurantes más costosos de Europa, se puede deleitar en las calles de Quito.

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